Buenos Aires (PP). El rompehielos Almirante Irízar, la nave más emblemática de la Armada Nacional que quedara devastada tras el incendio que se desató en ella frente a las costas del Chubut en abril del 2007, entró en una nueva etapa de reparación que ya comenzó en el puerto de la ciudad de Buenos Aires.
La semana pasada, la silueta inconfundible del buque con su casco rojo y su puente blanco de notable altura, se recortó en las aguas del Río de la Plata, siendo remolcado por el aviso de la Armada “Teniente Olivieri” con el apoyo de dos corbetas hasta quedar amarrado en la Dársena “A”, proveniente de la Base Naval de Puerto Belgrano. En el Astillero Tandanor comenzará su reparación y modernización. Pero para llegar hasta allí, donde se concretarán los trabajos bajo la dirección técnica de la compañía Aker Yards, con matriz en Noruega, deberán dragar el canal de acceso a ese astillero. Se prevé que el trabajo en Tandanor termine en la segunda mitad del año 2010, y luego el trabajo final se realizará en el dique seco del arsenal Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca. De cumplirse los pasos previstos para su completa reparación y puesta en servicio, el rompehielos Almirante Irízar podría volver a sus operaciones regulares en las aguas patagónicas y antárticas recién en el año 2012.
El valor estimado de las tareas actuales de reparación es de unos 140 millones de dólares. “Pero nuestra previsión es que no bien se termine el segundo trabajo de asistencia técnica que contratamos, se va a especificar en forma más detallada en qué consiste la recuperación y de ahí surgirá un nuevo presupuesto, que se estima menor", afirmó el subsecretario de Planeamiento y Logística del Ministerio de Defensa de la Nación, Gustavo Sibilla.
El rompehielos Irízar realizaba las campañas anuales de relevo de personal y reabastecimiento de las bases y estaciones argentinas en la Antártida, además de trasladar y permitir el trabajo de los grupos de científicos e investigadores que operan en el Continente Blanco. Precisamente, en cuanto a los espacios destinados en el buque para las actividades de ciencia e investigación, hasta el momento del siniestro se contaba con 52 metros cuadrados, y tras su remodelación, esos espacios han sido replanteados y alcanzarán los 700 metros cuadrados, quedado a la altura de los principales buques científicos del mundo, y marcando la verdadera
prioridad que nuestro país le asigna al conocimiento y a la investigación de las regiones más australes del planeta, según se informó desde la Dirección Nacional del Antártico.
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