Hasta la fecha carecía de nombre y se lo conocía simplemente como “El puente sobre el arroyo Calafate”, o como “El puente de ingreso”. La propuesta fue presentada por el responsable del Archivo Histórico local, Luis Milton Ibarra Philemon. En esta nota presentada a los concejales, Philemon narra la historia de un pionero que pronto tendrá su reconocimiento.
Por Luis Milton Ibarra Philemon
Ramón Pantín llegó junto a su hermano mayor José y cuñada Josefa Fleire en el año 1913, cuando José Pantín compró al francés Armand Guilhou el boliche de campo que tenía instalado en el paso del arroyo Calafate. A Ramón Pantín no se lo mencionó en los textos que relataron la historia oficial de cómo nació El Calafate, solo en conversaciones con sus sobrinos pudimos conocer su existencia, y en uno de los libros de Osvaldo Bayer sobre las Huelgas santacruceñas de 1921, un testimonio hace mención al pasar.
Ramón debió tener nueve años cuando llegó con su hermano José, aquí vivió su niñez y adolescencia, en esos años en que no había para ellos educación formal, solamente formación en los valores del trabajo diario en el boliche y hotel “Calafate” de Pantín; y la convivencia habitual con las pocas familias instaladas en el futuro pueblo de El Calafate y la numerosa peonada que desarrollaba sus actividades en las pobladas estancias de la zona.
Cuando el Territorio Nacional se convulsionó con el gran movimiento obrero que paralizó toda la actividad, tanto en los pueblos como en las grandes estancias, una gran columna formada por aproximadamente 200 huelguistas pasó por el hotel “Calafate” en marcha hacia la estancia Anita y luego de regreso, cuando se produjo un sangriento enfrentamiento en el boliche de “El Cerrito”. Ramón quiso plegarse al movimiento pero su cuñada lo impidió.
Al declararse la segunda huelga general en el Territorio, debido al incumplimiento por parte de los estancieros del convenio rural firmado unos meses antes en estancia El Tero, otra columna, mas numerosa esta vez de unos 600 trabajadores, pasó hacia estancia Anita. En esta ocasión, Ramón se sumó al movimiento y la numerosa peonada en huelga, a pesar de la negativa de su cuñada que no pudo impedirlo como en la primera huelga. “Ya soy mayor y tengo 17 años”, habría sido la respuesta de Ramón a la negativa de su cuñada y esa fue la última ocasión en que pudo verlo.
Era el 7 de diciembre de 1921, ya sumaban más de 800 los trabajadores reunidos en La Anita, cuando la mayoría decide la rendición incondicional al ejército que se encontraba en el cerro Comisión desde unos días antes, con la entrada de las tropas a la estancia la tarde de ese día, se comenzó con los fusilamientos de los primeros trabajadores. Tarea que continuó durante todo el día siguiente y posteriores hasta el 12 aproximadamente, cuando se los llevaba en tandas de cuatro, ocho y doce condenados, calculándose en 200 los trabajadores santacruceños muertos en esa tragedia, solamente en estancia Anita.
No está claro si Ramón fue muerto en la estancia Anita o en los alrededores, lo cierto es que fue fusilado por indicación del administrador de la Anita, Sr. Robert Ridell, quienes en realidad querían deshacerse de José Pantín, pero éste había viajado a Buenos Aires por los trámites de la tenencia de sus tierras.
Fue asesinado Ramón Pantín, a los 17 años, en alguna zona del Lago Argentino, no se sabe donde se encuentra su cuerpo, pero sí inferimos que de niño y adolescente habrá jugado y recorrido todo el centro donde actualmente se encuentra la oficina de Fernández Campbell, la Municipalidad, la estación de servicio, la escuela 9, y en nuestro arroyo, en la zona del antiguo puente de ingreso cuando era de madera. Razón por la cual solicitamos de los señores concejales la denominación de Ramón Pantín al actual puente de ingreso, para perpetuar la memoria de quien fue uno de nuestros pioneros, y a quien también le debemos el estar disfrutando de nuestra actual y confortable ciudad.
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