Portal Patagonico
Número 57

ENTREVISTA CON ALBERTO JOSÉ FORMENTI: Recuerdos del “hijo del doctor” de El Calafate

Tiene 68 años y es el único hijo varón del Dr. José Alberto Formenti, quien fuera médico de cabecera de El Calafate por más de 40 años. Su padre llegó a la localidad en 1933, motivado por la inexistencia de un profesional en toda la zona del Lago Argentino. Las historias de aquella época narran traslados a caballo hasta las estancias, en medio de temporales para asistir enfermos, operaciones de urgencia a la luz de un farol y una bebida fuerte como única anestesia. Desde 1985 el Hospital Distrital de la localidad lleva su nombre en un auténtico reconocimiento a su labor médica y social.

El Calafate (PP). La semana pasada Alberto José Formenti visitó la localidad como lo suele hacer cada 1 o 2 años. Tiene 68 años y es el único hijo varón del Dr. José Alberto Formenti, uno de los hombres que hicieron historia en El Calafate. De hecho el Hospital Distrital de la ciudad lleva su nombre, algo que no es casual, sino que responde a un reconocimiento a una tarea social y médica de 44 años de trayectoria, en una época donde los elementos eran rudimentarios y la vida sacrificada. Algunos de esos recuerdos y vivencias fueron recuperados por su hijo en esta entrevista que nos habla de un hombre que cambió las luces de la ciudad de La Plata para internarse en 1933 en un pueblo, perdido al sur de un territorio que recién comenzaba a forjarse.

¿Cuál es el motivo de su visita en esta oportunidad?
Es una visita relámpago. Estoy visitando una hija que tengo en Río Gallegos y por supuesto cada vez que vengo a Río Gallegos la visita obligada es venir a El Calafate, ver el pueblo, sus avances, los amigos, que son muchos, e ir al cementerio a visitar los restos de mis padres que están ahí. Básicamente se trata de cargar un poco las pilas aquí para después seguir en mi lugar actual que es San Rafael (Mendoza).

¿Hace cuánto que se fue de El Calafate?
Hace aproximadamente 43 años me fui buscando otros horizontes de trabajo más acordes con mi profesión y recalé en San Rafael (Mendoza), con la empresa de Agua y Energía Eléctrica de la Nación y ahí, ya que mi especialización era centrales hidroeléctricas, en lo que es el montaje de turbinas de gran potencia. Ahí hice toda mi carrera hasta que me jubilé.

¿Cómo era su padre, el Dr. Formenti y cómo se vivía en aquella época en El Calafate?
Papá fue un hombre que en principio yo lo defino como un idealista. Llegó a El Calafate buscando algo de tranquilidad, y la posibilidad de ejercer la medicina. Realmente lo que él llamaba medicina, no comercio. Se encontró con una pequeña población, estamos hablando del año 1933. En ese momento el pueblo no pasaría de las 400 o 500 personas. Se trabajaba mucho con las estancias, el pago era todo en trueque, prácticamente no se usaba el dinero en efectivo, era todo a cambio de corderos, huevo, leche, harina. De vez en cuando alguno pagaba, pero no era la modalidad de ese momento. Después el tiempo fue cambiando la cosa. Fueron años muy duros para ellos, pero siguieron avanzando y el pueblo creció. Él empezó su trabajo con una pequeña salita de primeros auxilios, que estaba ubicada detrás de la comisaría vieja; luego fue el Centro Materno Infantil, donde actualmente está la sucursal de La Anónima; después pasó a un pequeño hospital que estaba cerca de la casa que él había construido; y después recién se construyó el edificio actual, que debe haber sido allá por el 70 más o menos, según mis cálculos. Ya en el año 77 él se jubila y por razones de salud fundamentalmente decide ir a vivir junto a nosotros en la ciudad de San Rafael.

¿Cómo fueron sus últimos años de vida en Mendoza?
Él extrañó mucho. Dicen que cambiar de querencia cuando se es grande es muy difícil, pero tratamos entre todos los hijos de hacerle más llevadera su estadía allá. Por suerte el clima es más benigno, si bien ahora ha cambiado un poco, años atrás el clima acá era muy riguroso, y él tenía problemas de corazón. Entonces allá con su problema de salud logró sentirse un poco mejor, no anímicamente, porque su mente seguía en El Calafate, pero físicamente le permitió seguir adelante hasta que falleció.

¿Cuántas anécdotas le habrán llegado a usted de esa época y cuántas se habrán perdido en el camino?
Sí, porque la mayor cantidad de personas que lo conocían de aquella época, de cómo era él, ya no están. Algunos quedan. Tenía cosas muy interesantes, como llegar a hacer una consulta a una casa, en una época en que por supuesto las puertas no se cerraban con llave, entrar directamente, ir a la cocina, ver qué estaban cocinando, levantar las tapas de las ollas, probar lo que estaban cocinando y dar su opinión. Después con tranquilidad se iba a ver el paciente. Era otro pueblo, muy familiar. En casa lo llamaban a cualquier hora del día, ya sea por una quebradura, una borrachera, por ahí tenía que salir a las estancias a caballo. Lo venían a buscar y salía por ejemplo a la estancia Cristina, con el barquito de Don Pancho, o cualquiera de esos frágiles navíos que se usaban entonces. En fin, era una vida muy sacrificada, pero nunca se quejó, siempre tuvo un espíritu de avanzar en todo, de ayudar a la gente, también con consejos, no sólo en el aspecto médico, sino en el humano.

¿Cómo fue que él llegó hasta acá? ¿Fue enviado de algún organismo o él eligió un lugar en el mapa?
Él después de recibirse en la Universidad de La Plata, estaba en ese momento como cirujano mayor en la Asistencia Pública. En ese momento, te estoy hablando del año 1930, la Asistencia Pública era el máximo organismo de salud que había en la ciudad de La Plata. Estaba ahí muy bien, como cirujano principal, y apareció alguien que yo llamo un loco iluminado, no sé quién era, calculo que en algún momento supe quién era, pero realmente no viene al caso. Él le dijo que en Río Gallegos había pocos médicos. No lo pensó mucho y se vino para Río Gallegos. En esa época el viaje se hacía directamente en barco desde Buenos Aires, o bien se llegaba en ferrocarril hasta San Antonio Oeste, que era punta de rieles y de ahí se tomaba el barco hasta Puerto Santa Cruz, porque Río Gallegos no tenía embarcadero, y desde ahí se venía por tierra hasta Río Gallegos. Ahí estuvo un año y medio más o menos, no le gustó mucho, no se sentía cómodo, hasta que apareció otro amigo, otro loco iluminado y le dijo que en Lago Argentino no había médico. No lo pensó mucho, dejó todo en Gallegos y se vino hasta Lago Argentino y acá se quedó. Estamos hablando de fines del año 33 cuando él vino, hasta el año 77 que es cuando él va hacia San Rafael (44 años).

En ese periodo su padre ejerció mucho más que la medicina, por lo que tenemos entendido…
Básicamente él tenía muchas ganas de hacer, de hacer progresar al pueblo. Por ejemplo, fue el primer presidente de la Comisión de Fomento, lo que es hoy la Municipalidad; fue co-fundador de lo que es hoy el Club Social y Deportivo Lago Argentino, realizó gestiones para la instalación del colegio secundario; participó de la instalación de la central telefónica; fue un activo participante de la capilla y tramitó también los terrenos para la instalación de la parroquia, que en ese tiempo eran los terrenos del viejo hotel Pantín; en la Escuela Nº 9, que era la única que había, daba clases de ayuda de formación para las futuras madres y otras cosas; y hay varias más que ahora se me escapan. Digamos que no era sólo el Dr. Formenti que iba y te recetaba un remedio, estaba y participaba de todo lo que considerara importante para el pueblo.

¿En qué momento llegan ustedes, los hijos?
Primero fue mi hermana Marta, que nació en el año 36. Mi mamá viajó hasta Buenos Aires para tenerla allá. Después en el año 40 nací yo, mamá viajó hasta Río Gallegos con toda la intención de ir al hospital, porque ya había hospital allí. Igual el parto fue de apuro, porque fue atendida en el hotel París, en una habitación que da sobre la calle, por una señora, una partera de esas familiares que la ayudó a mamá en el parto. 14 años después nació mi hermana Silvia y esos somos los tres hermanos, los hijos del Dr. José Formenti.

¿Cómo fue la designación del nombre del hospital distrital de El Calafate? ¿Su padre estaba con vida?
Papá vivía, ya estaba poniéndose bastante delicado de salud y él consideró que emocionalmente no iba a poder estar presente porque no lo iba a poder resistir. Lo digo por la emoción. Así que me encomendó a mí que venga, vine con mi esposa, con Norma, y estuvimos presentes acá en el acto de imposición del nombre. Fue en el año 85. En el acto había muchísima gente, estamos hablando de hace casi 23 años atrás, así que estaba toda su gente conocida, los que lo habían acompañado durante tanto tiempo, los viejos pobladores. Yo recuerdo que estaban prácticamente todos, si yo me pongo a pensar ahora, de toda esa gente ya prácticamente no queda nadie, son muy pocos. Pero en aquel entonces prácticamente toda la gente de El Calafate se dio cita al hospital para estar presente en el acto.

¿Cómo recibió él después la noticia?
Me pidió un detalle minucioso de todo, de cómo había sido, le mostré fotografías. Bueno, se emocionó muchísimo. Eso le dio muchísima tranquilidad de ahí en adelante, porque recuerdo que él un día me dijo: “Yo pensé que en El Calafate no se iban a acordar más de mí”. Por suerte estaba equivocado.

Publicado Dom 10 de Agosto 2008 - 16:31 | índice de notas

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