Portal Patagonico
Número 52

20 de junio: Día de la Bandera

En esta fecha los argentinos festejamos el Día de la Bandera, símbolo que nos representa como Nación frente al resto del mundo. Sin embargo, a 196 años de su creación aún hay cuestiones no resueltas como el color específico de la misma. Junto al historiador Clemente Dumrauf, los invitamos a revisar y pensar ciertas cuestiones acerca de nuestro pabellón nacional.

En su libro Patagonia azul y blanca, Clemente Dumrauf hace un interesante análisis acerca de la Bandera Argentina y de la fecha en la cual la recordamos. Lejos de ser un simple raconto histórico, el escritor busca con preguntas y datos muy concisos, reflexionar acerca de algo tan fundamental para los ciudadanos de una país como lo es su Pabellón Nacional.

Nociones Previas
“La Bandera de cada Estado es, en la generalidad de los casos, el desarrollo o ampliación del escudo de armas o blasón tradicional de la Nación. Por eso, en su concepción y confección se aplica con rigor la perspectiva de la ciencia del blasón o heráldica (...) La heráldica sólo admite el uso de 7 colores, de dos tipos: metales y esmaltes. Entre los metales: el amarillo para simbolizar el oro, y el blanco para representar la plata; entre los esmaltes: azur (azul), gules (rojo), sinople (verde), sable (negro) y púrpura (violeta). Cada uno de estos colores tenía su simbolismo y además, nunca se aplicaban sino de forma alternada, metales y esmaltes, evitando el empleo de dos metales o dos esmaltes seguidos (...) En la heráldica el azul, color del cielo despejado, es empleado para expresar justicia y lealtad” (Pág. 22).
“El 20 de junio los argentinos celebramos el Día de la Bandera haciéndolo coincidir con el aniversario de la muerte del general Belgrano, su creador. El motivo de hacerlo en esa fecha y no el 27 de febrero, día de su creación, radica en la importancia que reviste la bandera como elemento formativo de la ciudadanía y expresión de nacionalidad, de ahí resulta más conveniente hacerlo en la primera de las fechas indicadas y no en la segunda cuando la actividad escolar se encuentra en receso” (Pág. 21).

La creación de la Bandera
“El 7 de febrero de 1812 llegó Belgrano a la Villa del Rosario con el regimiento 5 de Patricios para hacerse cargo de las baterías allí emplazadas por el ingeniero Ángel Monasterio. Belgrano, hombre de leyes, que había hecho del honor una consigna de su vida, no podía menos que sentirse molesto por tener que enfrentar al adversario ostentando los mismos colores y emblemas que éste usaba (...) Se dirigió al Triunvirato el 13 de febrero: ‘Me tomo la libertad de exigir de V.E. que se declare una escarapela nacional para que no se equivoque con la de nuestros enemigos’. El Triunvirato aceptó la idea de Belgrano y el 18 de febrero estableció: ‘El gobierno en acuerdo de hoy a resuelto que se haya, reconozca y use por las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata la Escarapela Nacional que deberá componerse de dos colores, blanco y azul celeste’. Belgrano distribuyó las escarapelas entre sus soldados, e interpretando el decreto en un sentido más amplio y optimista de lo que entendía el Triunvirato, al inaugurar el 27 de febrero las baterías Libertad e Independencia, dejó asentado ‘siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé a hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional, espero que sea de la aprobación de V.E.’” (Pág. 23-24).
“En la creación de la bandera Belgrano empleó los colores de la Orden de Carlos III creada en 1771, signo distintivo de la dinastía borbónica, como reafirmación de la fidelidad a esa dinastía (ante la usurpación napoleónica) proclamada en el juramento de la Junta del 25 de Mayo y continuada por el Triunvirato que había iniciado negociaciones con el Consejo de Regencia y las Cortes de Cádiz con el fin de llegar a un entendimiento entre los grupos antagónicos, desde que todos reconocían al mismo Rey. Pero lo realizado por Belgrano se prestaba a distintas interpretaciones y podía ejercer ‘una influencia capaz de destruir los fundamentos en que se justificaban nuestras operaciones y protestas que hemos mencionado con tanta repetición’ (nota del Triunvirato a Belgrano). Esta advertencia se debe a que la Sociedad Patriótica; encabezada por Bernardo de Monteagudo, pretendía la declaración de independencia y había optado esos mismos colores. Por tal motivo desautoriza la bandera y ordena ocultarla, debiendo usar ‘la que envía, que hasta ahora se usa en esta fortaleza’, la española”
“Belgrano, que no había recibido aquella comunicación que desautorizaba el uso de la bandera por haber partido hacia el norte, la exhibió nuevamente, la hizo bendecir y dijo: ‘el 25 de mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia y vosotros tendréis más de un motivo para recordarlo cuando veis en él por primera vez, la bandera nacional que ya nos distingue de las demás naciones del globo, no confundiéndonos igualmente con lo que a pretexto de Fernando 7º tratan de privar a la América de sus derechos, y usan las mismas señales que los subyugados por Napoleón’. Belgrano habla de la bandera nacional -refiriéndose a la azul y blanca- porque entiende que la amarilla y roja, tal como se presentaba la situación en ese momento, no representaba a la Nación española, pues se prestaba a confusión, ya que la usaban también los que se han rendido ante Napoleón” (Pág. 24-25).

Independencia azul y blanca
“La liberación de Fernando 7º produjo un enorme desconcierto, tanto en la Asamblea como en la logia Lautaro y la opinión pública, sobre la actitud que debía adoptarse (...) Hacia fines de 1814 fueron designados Rivadavia y Belgrano, no para negociar la independencia, como ha afirmado algún autor de manuales escolares, sino para felicitar al Rey (...) No se pudo llegar a ningún entendimiento por la intransigente actitud de Fernando 7º. Los enviados trataron entonces con Carlos IV la creación de una monarquía independiente bajo el reinado de uno de sus hijos. Pero las negociaciones también fracasaron (...) Se convocó a un nuevo Congreso que el 9 de julio de 1816 declaró la ‘independencia del Rey Fernando 7º, sus sucesores y metrópoli’. El 19 de julio la completó: ‘y de toda otra dominación extranjera’” (Pág. 26).
“Declarada la independencia surgió la necesidad de establecer los emblemas de la nueva Nación. Esteban Gascón propuso que fuese ‘la bandera azul y blanca que actualmente se usa’ (...) A principios de 1818 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, solicitó al Soberano Congreso que se fije las características de la bandera, y el 25 de febrero el alto Cuerpo decretó y comunicó al Director Supremo: ‘Que sirviendo para toda Bandera Nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrado, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra un sol pintado en medio de ella’ (...) La inclusión del sol tiene su origen en aquella sugerencia de Belgrano ante el Congreso el 6 de julio de 1816 (...) La bandera de la nueva Nación contiene de esta manera en su conformación los símbolos más representativos de las dos culturas de cuya simbiosis resultó la identidad hispanoamericana: los colores de la dinastía española y el sol incaico” (Pág. 27).

Conclusiones
Según afirma Clemente Dumrauf, “parece mentira que después de (196 años) de su creación todavía no hayamos podido ponernos de acuerdo sobre el color exacto de nuestra bandera (...) Da la impresión de que los argentinos aún no tuviésemos una bandera nacional. Muy pocos son los que están en condiciones de distinguir entre esa gama casi infinita de variedades, cuáles son realmente los colores del emblema nacional. Entre documentos, decretos, historiadores, han creado una confusión tal entre azul, celeste y azul-celeste, que ya nadie sabe a ciencia cierta cuál es el verdadero color de nuestra bandera” (Pág. 21).
“Podemos sintetizar los argumentos a favor del color azul de la siguiente manera: A) el decreto de 1816 había quedado derogado por el de 1818, de modo que la bandera tenía que ser azul; B) El vocablo ‘celeste’ no es un sustantivo sino un adjetivo que significa del cielo, y por lo tanto el verdadero color es el azul; C) La heráldica no usa en sus simbolismos medios colores sino siempre los colores primarios; D) Sería caso único en América el de la Argentina, de haber elegido un medio tono para su bandera cuando en otras que poseen ese color es siempre azul” (Pág. 29).
Lejos de lo que pueda imaginarse los argentinos no contamos aún con una bandera oficial única. Incluso las oficiales difieren entre sí en la forma del sol o los tonos de azul. Hoy en día, con los nuevos conocimientos de tintes podría resolverse este problema de manera muy sencilla y otorgarle a la bandera un azul único, catalogado con un número específico.

Publicado Jue 26 de Junio 2008 - 09:26 | índice de notas