Se llevó a cabo en la Escuela 9 y estuvo destinado a maestros, auxiliares, preceptores y directivos, a quienes se los capacitó para que puedan identificar los indicadores clínicos que permitirían captar al alumno a tiempo de ser tratado.
El Calafate (PP). Cómo publicáramos a mediados de marzo, se realizaron las dos jornadas de entrenamiento al personal docente de la Escuela 9. Ante una buena concurrencia, los profesionales de la salud pudieron intercambiar información, opinión y escucharon la demanda de los educadores, quienes aseguraron que en muchas situaciones derivaban pacientes pero que no había una respuesta de la información. El psicólogo Pablo Zavaley habló nuevamente con Portal Patagónico y aseguró que “trabajamos con el Programa que hemos desarrollado en el nosocomio local, lo hacemos conjuntamente con las instituciones escolares porque uno de los ejes importantes es la prevención a nivel primario, secundario y terciario. Hemos logrado desarrollar reuniones con el psicopedagogo Cristián Cretón, quien es el referente educativo de la Defensora Ethel Gassman, con el objetivo de brindar información de la problemática de la anorexia y la bulimia, mostrar cuales son los indicadores clínicos que permitan identificar oportunamente las patologías alimentarias, para luego hacer las averiguaciones correspondientes desde el Hospital”.
El trabajo con las instituciones
Al ser un trastorno alimentario complejo, se trabaja de forma comunitaria y atendiendo al paciente desde todos los sectores. De esta forma la parte médica está a cargo de la Dra. Solís, la parte nutricional es territorio de la Licenciada Guadalupe Vicini, mientras Pablo Zavaley y Natalia Gotti se encargan de lo psicológico. También resulta muy importante la atención desde el Servicio Social, porque se observa cómo se desarrolla y cómo está el sistema familiar.
En nuestra localidad “contamos con una población de 16 personas diagnosticadas, de las cuales 11 están haciendo el tratamiento. Siempre nos encontramos con las dificultades y la resistencia que caracteriza a esta patología, porque es de esconderse y de difícil identificación. Lo que estamos tratando de hacer es que la población sepa como identificar esta patología, dándole indicadores y diagnósticos a docentes, auxiliares y preceptores de las instituciones educativas, porque estamos captando población desde los colegios”. Es importante conocer y entender, que estas sintomatologías se representan a modo de mensaje y que con el correr del tiempo se vuelven automáticas, incluso perdiéndose el control sobre ellas, “lo que provoca un deterioro más grave en la personalidad, llegando a poner en riesgo su vida en los casos más complejos”.
¿A quiénes afecta?
“Si bien es afectada la población en general, tanto niños como adultos, actualmente en El Calafate se da más en la adolescencia, que es la etapa más crítica porque se busca la identidad, se consolida la personalidad y la forma de inserción en la sociedad” afirmó Zavaley, quien además explicó que la obsesión se produce “por cómo me miran o estar mirando, para poder encajar en un grupo, allí comienzan las ideas erróneas sobre la novela que es la reinserción social. Justamente por esto trabajamos en la prevención terciaria, que busca resolver el conflicto del paciente en el lugar donde se genera. Por eso estamos trabajando muy fuerte en El Calafate, creemos que este tratamiento se debe continuar y es mucho mejor la recuperación si se resuelve en el lugar donde está el paciente, para que luego continúe con su proyecto de vida”.
Si bien es un “trastorno mental profundo y un trastorno alimentario, se puede curar pero debe ser tratado en el momento oportuno. A veces no llegan a tiempo, lo que logra que el paciente comience a identificarse con los síntomas y gozan de esa manera, entonces cuando sufren por algo se manifiestan con un determinado síntoma que se hace repetitivo y obviamente va deteriorando la personalidad desde la autoestima”.
Con la puesta en funcionamiento del nuevo Programa ideado en el Hospital José Formenti, que abarca varias ramas de la medicina, se intenta conseguir una comunicación fluida con las instituciones porque es la única manera de hacer un seguimiento. Ya que al entrar en crisis el adolescentes con los modelos identificatorios, principalmente el de los padres, todo el entorno familiar se ve involucrado en la problemática.
Características de la patología
Algunos de los indicadores que se observan y que son propios de la enfermedad, son citados por el psicólogo Pablo Zavaley: “personas que se aíslan para comer, no comparten comidas socialmente, aseguran que van a comer en otro lugar o directamente no comen. También pueden tener descompensaciones y desmayos en diferentes horas del día. Muchas veces se pueden captar malestares constantes, nerviosismos, conductas autoagresivas que se dan en forma de cortes o cualquier tipo de violencia contra su propia persona, esto refleja un malestar a nivel anímico y psicológico. El no comer puede asociarse a un ideal cultural de verse bien físicamente, aunque por dentro estemos mal. Comienza esa obsesión con la imagen del cuerpo, provocando que despedacen la comida, la corten muy chiquita y luego se tire; también el sentir culpa al comer y por ello vomitar, teniendo la irritabilidad propia, allí se entra en conflicto con los familiares, compañeros de colegio y en los distintos ámbitos donde se desenvuelve. Otras característica es que se suelen utilizar ropas holgadas o se escapan de las mayas y bikinis cuando se va a veranear. La caída del pelo, una marcada variación en el peso, el aislarse socialmente, la puesta en comunicación es muy deficitaria y todos estos nervios hacen que no puedan poner en palabras a los conflictos que poseen.”
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