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El día que Francisco Moreno nos regaló un Lago y lo llamó Argentino

Para entonces eran pocos los que se habían aventurado aguas arriba del río Santa Cruz. Los mapas de la época eran escasos y confusos, sin embargo se sabía por los indios que el río nacía en un gran lago. Francisco Moreno, incluso con elementos más modestos que las expediciones que lo habían precedido, logró lo que ellas no pudieron: develar los secretos de las nacientes del Santa Cruz.

Por: Juan Cruz Ordóñez

juancruz@portal-patagonico.com.ar

El Calafate (PP). Los mapas esconden innumerables historias, ocultas detrás de cada línea que compone el dibujo cartográfico, detrás de cada nombre que señalan. Por lo general, siempre que se consultan, se olvida lo que reposa dormido en ellos. Es decir la historia de los hombres que pisaron por primera vez aquellas tierras y le dieron nombre a aquellos accidentes geográficos y lugares que hasta entonces sólo eran parte de la naturaleza y su anonimato.Al recorrer con la mirada la región central de un mapa de la provincia de Santa Cruz, uno revive de alguna manera el viaje emprendido por Francisco P. Moreno el 15 de enero de 1877, cuando se despidió de los que se consideraba el último paradero de la civilización (la isla Pavón, propiedad de Piedra Buena), aguas arriba del correntoso río Santa Cruz. Iba al frente de una ambiciosa expedición en sus objetivos, pero altamente precaria en sus elementos.Pocos fueron los que habían logrado penetrar aquellos territorios, por lo cual los mapas eran sumamente confusos e incompletos. En aquel viaje Moreno logró completarlos y corregirlos, lo cual garantizó, gracias a la precisión de sus estudios geográficos, consolidar la posición argentina de soberanía de los mismos, frente a las pretensiones chilenas, que los reclamaban como propios.A su paso nombró la mayoría de lagos, ríos, arroyos y cerros, muchos de los cuales eran totalmente desconocidos por la civilización. Entre ellos bautizó al imponente lago dónde nacía el río Santa Cruz, que hasta entonces había sido confundido con el Lago Viedma. Lo llamó Argentino con la intención de garantizar la soberanía nacional en aquellas tierras tan distantes, en las cuál hoy crece, entre otras ciudades, El Calafate. 

Las expediciones anteriores: El primero en llegar a la región fue Antonio de Viedma, en 1782. Según lo explica el historiador Clemente Dumrauf, “la confusión entre el lago Viedma y el Argentino surgió en el siglo XVIII cuando, luego de fundar Florida Blanca en la bahía de San Julián, Viedma emprende la exploración de la zona cordillerana utilizando guías aborígenes. Ellos le habían asegurado que el río Santa Cruz nacía en un gran lago y se dispusieron a llevarlo hasta allí. Venían desde el Noroeste, a caballo cruzando el campo, es decir que no venían siguiendo el curso mismo del río. Luego de cruzar los ríos Chico y Chalia, Viedma llega a un gran lago”. Según la descripción del paisaje dejada en su diario, se desprende que Antonio de Viedma llegó en realidad al lago que hoy lleva su nombre, y el río que confundió con el Santa Cruz era en realidad el río que Moreno bautizaría posteriormente con el nombre de La Leona.La segunda expedición fue la del marino inglés Fitz Roy, acompañado nada menos que del prestigioso naturista Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución de las especies. La misma, como la describe Francisco Moreno, se realizó en 1834, año en que remontaron el río en “tres botes ligeros tripulados por 18 marineros, además de un cuerpo de oficiales; sin embargo, los obstáculos fueron tantos que hubiera sido temeridad continuar (…) Aunque tuvo que retroceder a los 21 días sin haberlo recorrido en toda su extensión, es importantísimo el resultado de aquel primer recorrido remontando el Santa Cruz”. Como descubriría luego el mismo Moreno, Fitz Roy retornó a sólo dos jornadas de descubrir el Lago. Parado sobre una colina divisó una gran depresión en el terreno, a la que llamó: Llanura del Misterio. Esa supuesta llanura era la ubicación del Lago Argentino que, desde ese punto, no podía verse.En 1867 por orden de Luís Piedra Buena se realizó la segunda exploración. La misma, que perseguía fines netamente privados y económicos, fue encargada a uno de los principales colaboradores de Piedra Buena: J. H. Gardiner. Esta expedición se realizó a caballo, siguiendo el cauce del río hasta su naciente. Una vez en el Lago, que creyeron el Viedma, ya que hasta entonces se creía que el río nacía allí, volvieron a la Isla Pavón, realizando diversos mapas y bosquejos de la zona.La última expedición que precedió a Francisco Moreno fue la del Subteniente Valentín Feilberg. Según Clemente Dumrauf: “Con un bote de la goleta Chubut, Feilberg se propuso remontar el río hasta su nacimiento. Emprendió la tarea el día 6 de noviembre de 1873, con víveres para veinte días. Estaba secundado por 4 hombres de la tripulación”. Fue la primera navegación que logró remontar el río en su totalidad. Según lo cuenta el mismo Feilberg en una nota dejada dentro de una botella, al pie de una bandera argentina que dejó en la naciente misma del río y que 3 años más tarde encontraría el propio Moreno: “A los 20 días de la salida llegué a la boca del Lago, el día 26 de noviembre, durante esos 20 días tuve vientos muy fuertes (…) Hoy 29 de noviembre hace tres días que estoy aquí sin poder hacer nada por el tiempo malo y, como las provisiones se me están acortando, vuelvo para abajo”.

El contexto político de la expedición: En 1874, a pocos meses del retorno de la expedición de Feilberg, Moreno trató de repetir la hazaña, pero la falta de elementos y víveres, además de la vuelta anticipada de la embarcación Rosales a Buenos Aires, se lo impidió. Tuvo que esperar un cambio de la política nacional para poder volver a intentarlo. Esa política, como lo explica Clemente Dumrauf, “comenzó con Nicolás Avellaneda, que fue el primer presidente constitucional en preocuparse de la Patagonia (…) Él tuvo que empezar de cero, porque no se sabía nada de la Patagonia, por eso apoyaba todas las expediciones de exploración de este territorio, entre ellas, las de Moreno. Ésta política se llevó a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, a cargo de Bernardo de Irigoyen, ya que estábamos en medio de la cuestión limítrofe con Chile. El Ministro decía: `no poseemos un informe científico, un viaje, ni un reconocimiento a que podamos dar pleno crédito. Estamos sin más datos que los de la época colonial y los que nos trasmite algún viajero extranjero o algún aventurero sin preparación (1875)´. Su consejo al presidente fue la de emprender resueltamente, los estudios y ocupación efectiva de la Patagonia. De ahí deviene la política de Avellanada de conocerla para poder defenderla”.

La partida: El 21 de diciembre de 1876 llega Moreno al estuario de río Santa Cruz y poco después a la isla Pavón, dónde se encuentra con el subteniente de la Armada Nacional, Carlos Moyano. Según Clemente Dumrauf, “Moyano tenía órdenes del Ministerio de Relaciones Exteriores de apoyar y cooperar en la expedición”. Sin embargo, yendo más allá de sus órdenes, decidió acompañar a Moreno, quién ganó un valioso colaborador. El 15 de enero de 1877, luego de realizar todos los preparativos, entre los que se destaca el alquiler de cuatro caballos a los Tehuelches, Moreno se dispone a enfrentar la correntada y emprender su viaje. “Todo queda listo temprano, y los víveres embarcados; hacemos cruzar la caballada a la ribera del norte (…) Navegar a los pies de los Andes, surcar con la quilla de nuestro bote aguas donde hasta entonces sólo flotaron témpanos y agregar así algunos conocimientos más a la geografía de la Patria, es algo que para nosotros no puede ponerse en duda (…) Bien podrán tacharse de necio mi orgullo, de vanagloria impropia, mis ilusiones de este momento, pero todo lo disculpa el propósito que me guía. Las nacientes del Santa Cruz son un problema aún no resuelto completamente y creo a nadie con más derecho que a los argentinos, dueños de ellas, corresponde descifrarlos”.“Si grande es el fin que nos lleva a la región desconocida, pequeños son los elementos de que disponemos (…) En estos últimos años dos expediciones chilenas han tratado de seguir el imperecedero surco de las embarcaciones inglesas –en referencia a Fitz Roy-, pero ninguna de ellas ha podido adelantar nada a lo que nos han dejado los exploradores de 1834 (…) La expedición que ahora dirijo va a tratar de avanzar más, si es posible, es aún más modesta que la del señor Feilberg, dadas las condiciones náuticas de la embarcación. Ésta tiene una eslora de ocho metros, lo que corresponde a 8 remeros; sin embargo está tripulada por sólo dos y un timonel”.Los integrantes de la expedición eran 6: Francisco Gómez, remero (correntino); José Gómez, remero (brasilero que Moreno apoda como “el temeroso Patricio”); Estrella, timonel; Isidoro, encargado de los caballos y conseguir el alimento a través de la caza; Carlos Moyano, marino de reconocida experiencia, además de poseer conocimientos de cartografía; y el perito Francisco Moreno.

El Viaje: contado por Moreno15 al 18 de Enero: “No pensamos en ascender a remo, la poderosa correntada nos hubiera llevado al Atlántico en vez de a la Cordillera” comenta Moreno y explica que el trabajo era una combinación de sirga (es decir arrastrar el bote río arriba utilizando los caballos, que tiraban de una cuerda, mientras la embarcación permanecía en el agua) y de empuje manual. El mismo Moreno, con la ayuda de Moyano, empujaba el bote desde adentro del agua, y a veces con la cuerda, para ayudar a los caballos.“La pendiente del río es visible a ojo (…) La inclinación de la cuesta y el suelo suelto no nos permiten emplear los caballos, pero tratamos de salvar el mal paso poniéndonos los dos marineros y yo a hacer ese trabajo. Lo conseguimos no haciendo caso de las espinas que nos arrancan grandes fragmentos de las ropas y no pocas gotas de sangre, ni de los cactus que nos hincan cruelmente los pies; hay que hacer pie y tirar de la cuerda sin preocuparse de que basta una sola pisada en falso para desplomarnos al agua desde una altura que varía entre 30 y 50 pies (alrededor de 15 metros)”.“El remolque se hace muy dificultoso; la corriente ha aumentado en velocidad y encontramos algunos parajes donde se forman verdaderos rápidos. Nos vemos obligados a ayudar al caballo, tirando todos de la cuerda. A la menor negligencia la embarcación puede zozobrar y concluir nuestra expedición. Además las vueltas van aumentando en tal número que parece que no adelantamos”.“El desaliento va apoderándose de los marineros y a las chanzas de los primeros días sucede el silencio que produce el disgusto, pero ¿qué hacer? Si retroceder, materialmente es lo más fácil, moralmente es imposible abandonar el proyecto de ascender el río, por más descabellado que sea él, dadas las circunstancias en que ha sido emprendido (…) Sólo llevamos 3 días de viaje y nuestras ropas revelan, por lo menos, el pesado trabajo de tres meses; las espinas las han convertido en harapos y nos han dejado desnudos; el calzado se va gastando rápidamente con el roce de las piedras y por agujeros se introducen espinas de cactus. Las manos se ampollan por el trabajo de la cuerda, y los chicoteos de los arbustos arañan en todo sentido piernas y brazos”.

19 y 20 de Enero: “Trabajamos muchísimo hoy, es un día cruel; caminamos poco y con dificultades enormes; las dos orillas son a pico. El río corre con tanta fuerza que forma ondulaciones; perdemos más camino que el que ganamos, a mediodía nos encontramos más abajo del paraje donde habíamos dormido anoche. Más de una vez tenemos que soltar la cuerda del remolque pues quienes lo llevamos por tierra nos encontramos en inminente peligro de ser arrastrados al río”.“¡Qué mal día se prepara hoy! Desde temprano se principian los apuros. El trabajo de anoche ha extenuado a mi gente (…) Tenemos las manos quemadas por la soga y las piernas y los pies ulcerados por las piedras y las espinas. No puedo exigir más esfuerzos y voy creyendo que, aún a pesar de la decidida voluntad que tenemos, el buen éxito no coronará mi empresa (…) Es demasiado peso que llevo encima; hay momentos en que yo mismo considero tentativa loca la empresa, pero la razón vuelve y no me doblego a pesar de que las dificultades van sucediéndose progresivamente”.21 al 25 de Enero: “Paramos, obligados por el mal tiempo (…) Es imposible hacer nada para comer, la arena lo convierte todo a milanesa (…) el polvo no nos deja respirar, ni mirar (…) Tercer día de temporal, tenemos los ojos rojos por la arena, pero ya vamos acostumbrándonos y podemos pasarlo con más comodidad (…) Isidoro y yo salimos a recorrer el camino del oeste y tratar de obtener alguna avestruz. La demás gente se ocupa de hacer cuerdas con cogotes de guanacos, para aumentar la línea de sirga y reemplazarla en caso de que se gaste; esto, desgraciadamente, es muy probable”.

5 de Febrero: “Los picos de la Cordillera están más definidos y nos orientamos con la aguja tomando como punto de observación el Castle Hill de Fitz Roy (cerro que Moreno llamaría posteriormente Fitz Roy en honor al marino inglés). (…) Vamos a entrar en la parte más interesante del viaje en la región desconocida, la que Fitz Roy llamó Llanura del misterio”.

El Bautismo del Lago:10 de febrero: “No hemos comido nada hoy; Isidoro, de la costa, nos grita que ha cazado un avestruz pero no podemos ir a buscarlo por más tentativas que hacemos; un día de hambre se olvida con el sueño (…) Esas líneas de corrientes blancas que van arrastrándolo todo y que debemos resolvernos a atacar so pena de suspender la marcha, no nos han arredrado y hemos emprendido la tarea de combatirlas con la pala, el remo y la sirga, exponiéndonos a perdernos antes que retroceder”.

11 de febrero: “Hemos dejado atrás las huellas de las canoas de Fitz Roy y vamos siguiendo las de Feilberg quien, más feliz que yo, no tuvo que luchar con esta gran inundación, y esto es un gran consuelo, los colores argentinos son los únicos que han flameado en estos parajes, pero es deber nuestro llevarlos aún más adelante y con provecho (…) Hacemos noche en la costa sur, dentro del bote, sumamente rendidos, mojados y sin tener ropas que mudarnos”.

13 de febrero: “Nada pude expresar mi entusiasmo en estos momentos que el caballo asciende (…) trepo la oleada de arena y encuentro al grandioso lago que ostenta toda su grandeza hacia el oeste. Es un espectáculo impagable y comprendo que no merece siquiera mención lo que hemos trabajado para presenciarlo; todo lo olvido ante él (…) Un día más de trabajo y veremos flotando nuestro bote en las aguas de este mar interior, dulce, claro y profundo, alimentado por los derrites de los grandes ventisqueros (…) En la entrada del lago he encontrado elevado sobre un médano un remo que conserva en su extremo los restos de una bandera. Es el pabellón argentino que dejó flameando el subteniente Feilberg, en el punto más lejano que alcanzó su expedición. Atada al remo recojo la botella que contiene el documento que demuestra la feliz realización de la primera expedición nacional llevada a este punto”.

14 de febrero: “Día de emociones pero de inmenso trabajo (…) Los que vamos tirando de la cuerda del bote divisamos el lago a las 4 de la tarde, en momentos que hacemos grandes esfuerzos para cruzar un rápido producido por el derrumbe de una barranco elevado. La alegría rebosa y se refleja en nuestras caras (…) ¿Cómo escuchar los dolores físicos cuando el contento moral es tan grande? Todo nos halaga (…) La vista recrea y el corazón se expande y, para que el regocijo sea completo, bajo una hermosa mata de calafate de las que cuelgan los más exquisitos frutos que he conocido, encuentro algunos cuchillos de piedra. El antiguo patagón también tuvo la suerte de admirar ese majestuoso panorama; sus cacerías han tenido lugar ante él (…) Después de dos horas de trabajo conseguimos doblar la punta (que llamará desde entonces Punta Feilberg), descansar un momento beber agua del lago y bajar el bote al pie del médano donde Feilberg  elevó la Bandera. ¡Un mes de viaje nos costó poder contemplar sus restos! (…) Entre las provisiones vienen dos botellas de coñac; destapo una de ellas y doy una ración a cada hombre y todos, sin consultármelo, brindamos por la patria lejana cuyo recuerdo nos ha dado ánimo para llegar hasta aquí (…) Pasamos el resto de la tarde en festín, regado, no por el vino, sino por el agua del lago, que preferiríamos al más exquisito champagne, si lo tuviéramos”.15 de febrero: “¡Mar interno, hijo del manto patrio que cubre la Cordillera en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo no te dio nombre; la voluntad humana desde hoy te llamará Lago Argentino! ¡Que mi bautismo te sea propicio; que no olvides quién te lo dice el día que el hombre reemplace al puma y al guanaco, nuestros actuales vecinos! ¡Cuando en tus orillas se conviertan en cimientos de ciudades los trozos erráticos que tus antiguos hielos abandonan en ellas; cuando las velas de los buques se reflejen en tus aguas como hoy lo hacen los gigantescos témpanos y dentro de un rato la vela de mi bote; cuando el silbido del vapor reemplace el grito del cóndor que hoy nos cree fácil presa: recuerda los humildes soldados que en este momento pronuncian el nombre de la patria bautizándote con tus propias aguas”. “He satisfecho una de mis más grandes aspiraciones, es decir, navegar en el lago y pisar tierra virgen de planta humana (…) Es un nuevo misterio develado; estas matas que tenemos delante causan mayor impresión en mi alma que la que sintiera delante de las grandes ciudades del mundo (…) Los cinco tripulantes del bote dormimos orgullosos y contentos; somos los primeros navegantes del Lago Argentino; algo nos ha costado, no lo olvidéis lector”.

Publicado Sab 23 de Febrero 2008 - 10:22 | Volver

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Desde muy joven se interesó por la paleontología y la arqueología. Aventurero sin par, en 1871 recogió fósiles en la laguna de Vitel; en 1872-73 exploró el territorio de Río Negro y en 1875 llegó al lago Nahuel Huapi, que recorrió para luego pasar a Santa Cruz y alcanzar el lago que bautizó con el nombre de Argentino en 1877; en 1879 exploró las montañas de la Cordillera de los Andes y en 1896 llegó hasta el lago Buenos Aires. Foto: De acceso público en Internet. Moreno durante los últimos años de vida. En 1879 Moreno donó toda su colección arqueológica, antropológica y paleontológica personal, consistente en más de 15.000 ejemplares de piezas óseas y objetos industriales, a la provincia de Buenos Aires, que fundó con ellas el Museo Antropológico y Etnográfico de Buenos Aires. Con la fundación de la ciudad de La Plata, el gobierno provincial decidió trasladar el museo a la nueva capital y entonces se le dio el nombre de Museo de Historia Natural de La Plata. Foto: De acceso público en Internet. Mapa del viaje de Moreno durante 1877 en territorio de Santa Cruz. El recorrido fue trazado según los comentarios que dejó en su libro Viaje a la Patagonia Austral. Mapa diseñado por Juan Cruz Ordóñez (PP).
Mapa elaborado por Francisco Moreno luego de su viaje. Puede verse el recorrido completo a lo largo del río Santa Cruz, la forma del Lago Argentino y Viedma, así como del Lago San Martín y alrededores. La zona que está en blanco señala: “Territorio desconocido”. Su conocimiento único de la región patagónica y cordillerana fue justamente la que le otorgó la importante misión de ser el perito argentino en la cuestión de límites con Chile, de ahí que hoy se lo recuerda más con dicho título que con su nombre de pila: Francisco. (Mapa de acceso público, Internet).   

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