Portal Patagonico
Número 33
Inicio contenidos Ediciones Anteriores Número 33

Hostel del Glaciar, 20 años de historia en El Calafate

En diciembre de 1987 llegaba con sus padres y su hermana, Danny Feldman, un adolescente entusiasta que encontraría su lugar en El Calafate. Con mucho esfuerzo la familia Feldman logró instalarse en la villa turística, posicionando su empresa como un ícono en el ámbito del turismo y como un modelo de empresa.

Por: Guido Bonelli

guido@portal-patagonico.com.ar

El Calafate (PP).  Nacido en Buenos Aires el 29 de agosto de 1969, Danny fue, desde muy joven, apasionado por lo temas del medio ambiente, con lo cual a los 18 años, cuando ve la posibilidad de moverse a El Calafate y estar en contacto con un Parque Nacional pensó que "era como tocar el cielo con las manos".
Influenciado por ideas innovadoras, recogidas en diversos viajes por la Argentina, Europa y el mundo, comienza a incurrir, acompañado por su familia y la iniciativa de su padre, en el mundo del turismo, el cual no dejó de presentar oportunidades que fueron aprovechadas. Hoy se encuentra a cargo del Hostel del Glaciar, todo un símbolo del desarrollo turístico en El Calafate que cumple, en el mes de diciembre, 20 años. Dos décadas que lo llevaron de ser una simple gamela abandonada a dos edificios equipados con todas las comodidades y 250 camas, sumados a una pujante agencia de turismo con colectivos propios, y con aproximadamente 50 personas trabajando permanentemente. "Fue un camino largo y queda mucho por crecer". Danny, sentado en la sala de estar del Hostel del Glaciar Los Pioneros, se lo detalló a Portal Patagónico. 20 años que le permiten afirmar que es, ni más ni menos, que el primer Hostel de la Patagonia.

¿Como desembarca la familia Feldman a El Calafate?
En cierto modo, la historia comienza en el 74, cuando mi papá, Ingeniero Mario Feldman, viene a El Calafate para hacer el montaje de un tendido eléctrico. Él era director de obra y, cuando envía al capataz para montar el campamento y tomar gente, se encuentra con que El Calafate tenía muy pocos habitantes y que prácticamente no había mano de obra disponible, algo que se repite 25 años después (risas), aunque en esa época era porque había muy poca gente. Mi papá se encontró acá con el sistema de terrenos que le era desconocido. No había tierra para comprar ni para alquilar, sino que te los daba la municipalidad, como sigue siendo hoy en día. Finalmente deciden armar un campamento con una gamela (tira de construcción prefabricada que tienen muchas habitaciones y se arman rápidamente). La obra se realizó y la gamela quedó armada en un terreno prestado que era de La Curia, ese terreno está ubicado a dos cuadras del lugar donde se encuentra actualmente el Hostel del Glaciar Los Pioneros.

¿Cómo surge de esa gamela el Hostel del Glaciar?
Uh… para eso faltaba bastante. La obra fue finalizada en el año 75. La gamela se la alquilaron a otras empresas como Babic, que viene a construir barrios. Pasaron varios años, mi papá se quedó con algunas cosas de la empresa que se estaba desintegrando, como esa gamela, entre otras cosas sin mucho valor.
La idea la tuvo mi papá, cuando le conté detalles de un viaje que hice por Israel. Yo tenía 16 años y en ese viaje conocí por primera vez el tema de los hostels, los albergues. Mi viejo buscaba nuevos horizontes, y me empezó a preguntar mucho acerca de estos albergues, cómo funcionan, como se organizan, etc. Le expliqué que son lugares donde compartís la habitación con otra gente para bajar costos, usualmente tenés lugares para cocinar así no tenés que ir a un restaurante y bajar costos, y al hotelero también le sirve porque si tenés la habitación completa estás cobrando prácticamente lo mismo que una habitación doble de hotel.
Fue una tarde entera que estuvimos hablando y le conté todo, él dijo que tenía una gamela tirada en El Calafate y se podía hacer algo.

¿Cómo tomaste el hecho de dejar la capital, para venir a un lugar tan alejado?
Yo en esa época tenía como ideales ver el programa 'El deporte y el Hombre' de Pancho Ibáñez, y las primeras cosas de conservación del medio ambiente. Lo único que había era Vida Silvestre Argentina, a la cual me asocié con los pocos ahorros que juntaba a esa edad. Por lo tanto la idea de venir a donde había un Parque Nacional era como tocar el cielo con las manos. Así que agarramos el auto de mi mamá y nos vinimos en diciembre del 87.

¿Con qué se encontraron al llegar?
Encontramos una gamela que estaba en estado deplorable, había pasado por dos empresas constructoras, los tipos por poco hacían asado adentro. Enseguida nos pusimos a trabajar para mejorarla y nuestro primer empleado fue Oscar Gordillo, actual Jefe de Depósito de Vialidad Provincial acá en Calafate. Él fue una maravilla para nosotros, por todo lo que ayudó. Esa temporada 87/88 trabajamos con 12 camas y un termotanque prestados por Babic, solo los colchones eran nuestros. De entrada costó mucho, el terreno no era nuestro, por lo cual no nos podían brindar una habilitación comercial. Y también estaba toda esa idea moderna del albergue, compartir habitaciones, gente que habla inglés, era todo muy raro para esa época, tuvimos muchas trabas. Como si fuera poco, acá por ejemplo no teníamos gas natural, el teléfono era tan caro tenerlo, que por la mitad de la plata compramos un ciclomotor para ir y volver a cualquier lado, recién 4 años más tarde tuvimos teléfono.

¿Cómo superaron esos inconvenientes?
Cuando ya habíamos decidido vender los colchones para financiar la vuelta a Buenos Aires, mi mamá se encuentra con "chichin Aristizabal" y nos dice 'ustedes no se van a ir, yo les voy a ayudar'. Y cumplió, nos vende (prácticamente nos regala) un terreno de 25 x 50, acá donde estamos justamente parados ahora (Los Pioneros 251). Entonces decidimos desmontar la gamela y moverla dos cuadras hasta su ubicación actual. La armamos y, si bien solo trabajamos dos meses de la temporada 87/88, fue fundamental porque nos dejó ver que existía una veta comercial de la que nadie se estaba ocupando. Yo venía con toda esta movida de los hostels desde Europa (en esa época se les llamaba albergue), y lo empezamos a desarrollar.
 
¿Cómo respondió la gente esa primera temporada?
Y mirá, los primeros clientes éramos nosotros mismos, ahí donde dice habitación número uno, teníamos la recepción y ahí mismo vivíamos mi vieja, mi viejo y yo. Mi hermana se volvió a estudiar al poco tiempo de haber venido acá, ahora vive en EEUU. Estábamos en permanente contacto con la gente, mi mamá hacía un poco de mucama, mi viejo era recepcionista, yo hacía un poco de todo y Oscar Gordillo estaba ahí ayudando en lo que se necesite.
Enseguida nos encontramos con un montón de realidades, la empresa mas pujante de turismo era Interlagos, y la fuimos a ver, para que nos manden gente, ahí entendimos que nadábamos solos o nos hundíamos, porque a ellos no les servía vender una cama de como la nuestra, sino una de Así fue que empezamos a salir con los folletitos a buscar a la gente a donde llegaban los colectivos, porque todavía no estaba la Terminal, y los traíamos caminando, recién en la segunda temporada compramos una camioneta. Por ejemplo LADE, que aterrizaba acá arriba (en esa época no había nada) y yo iba caminando, subía derecho y estaba el aeropuerto viejo, y los traía caminando porque desde el aeropuerto estaba a dos cuadras y media.

¿Dónde radica la ventaja que tiene un hostel con respecto a un hotel tradicional?
Lo primero es la relación con el cliente, sin ir más lejos, acá mismo conocí a mi actual esposa, con la que me casé en el 2003. Ella fue huésped en la habitación 28, una vez que vino a hacer trekking en la zona de Chaltén, hoy tenemos dos hijos. Con esto digo que en un hostel hay cosas que no se dan en ningún otro lado. Todas las noches compartíamos la cena con los viajeros, de hecho, de esas cenas surgió lo que hoy es nuestra agencia de turismo. Hablando con uno y con otro, los gringos nos dicen que nosotros teníamos que hacer los viajes por cuenta propia. Así, en nuestra primera temporada completa (88-89), ya con 48 camas en el albergue, nos compramos una camionetita y empezamos a hacer viajes. A partir de allí comenzaron a surgir trabas, porque para vender viajes tenés que ser una agencia, así que hicimos todo lo que reglamenta la ley y armamos lo que hoy en día es Patagonia Backpackers, también nos dicen que hay que registrarse en Parques Nacionales como operador, así que también hicimos lo que reglamenta la ley para ser operadores de Parques. Después nos empezó a ir un poco mejor y empezamos a llevar más cantidad de gente, pero nos dicen que con más de doce personas ya tenés que tener un guía, así que también me puse a estudiar y me convertí en Guía del Parque Nacional, y hasta hoy mantengo al día mi licencia.

Hablas de albergue y no de hostel, ¿cómo es el tema de la denominación?
Con el tema de los nombres hay una pequeña historia. Durante la semana que llegamos a vivir acá, en diciembre del 87, hubo una de esas tormentas de viento que te vuelan todo, quedamos asombrados, no entendíamos nada. Con mi hermana veíamos las piedritas de las calles que rodaban con el viento y pensamos 'esto te vuela hasta las piedras'. Por eso con mi hermana le quisimos poner "Albergue Las Piedras Voladoras", pero mi viejo no nos dejó. Por lo tanto el primer nombre que le quedó fue 'Albergue del Glaciar'. Luego, cuando trajimos la segunda gamela, pasamos a ser 'Albergue y Hostal del Glaciar'. Más adelante, a través de Hostelling Internacional (HI), pasamos a hacer uso de la palabra Hostel. Acá había muchos problemas con los albergues transitorios, que no existen prácticamente en ningún lugar del mundo, entonces HI cuando intenta atraer al público argentino hacia los albergues, veía que se les complicaba porque sonaba mal. Entonces para unificar internacionalmente, y de paso cambiarle la imagen al público argentino se decide adoptar la palabra "hostel", desde entonces quedó 'Hostel del Glaciar'. Cuando abrimos el nuevo edificio, se les agregó 'libertador' a uno y 'Los Pioneros' al otro, lo cual tiene que ver la calle en la que se ubica y también por el hecho de que fuimos pioneros en todo esto. De paso le agradezco públicamente a Néstor Méndez, quien nombró 'Ingeniero Mario Feldman', a la calle que pasa por aquí atrás en honor a mi viejo.


¿Cómo los encuentra la década del 90 y el posterior desarrollo?
Por suerte llegaron etapas de crecimiento, a mediados de los 90 nos enteramos de que en Piedra del Águila, donde mi papá tenía un conocido, se vendían gamelas de una obra desactivada, ahí compramos la segunda gamela, que es donde está actualmente nuestra primer ala con baños privados, lo cual fue una cosa muy importante porque nos permitió, de a poquito, ir entrando en el turismo más de tipo profesional y poder captar parte del turismo extranjero, esto desembocó más tarde en la construcción de nuestra primer ala de habitaciones superiores, la ampliación de la cocina y el desayunador, que finalmente se convirtió en un pequeño restaurante. En el medio fueron pasando un montón de empleados que uno no se olvida nunca. Como uno de los primeros que fue Fernando Marino, la primer mano derecha que tuvimos en atención al público.

Después llegó la explosión de El Calafate…
Si, con el crecimiento de Calafate y del turismo, la competencia fue creciendo, lo cual nos dio ganas de darle otro impulso a esto, coincidió justo con el fallecimiento de mi papá (2003), él era mi mejor amigo, mi socio y un padre ejemplar. Un tiempo antes, cuando empezaba a explotar, nos agarró bien preparados. Yo había convencido a mi papá de comprar un terreno en el centro. La pauta me la dio que, donde hoy está La Aldea de los Gnomos, se había vendido en 80.000 dólares y muy poco tiempo más tarde se pagaba el doble por ese mismo terreno, ahí nos dimos cuenta cómo era la cosa. Al poco tiempo a mi papá lo designan Director General de Obra del Aeropuerto que hoy todo el mundo está usando, hay una plaqueta que así lo amerita. Sabiendo lo que la obra del aeropuerto iba a significar en un futuro para el turismo en Calafate decidimos comprar un terreno en el centro, donde está emplazado el Hostel del Glaciar Libertador. Creo que reaccionamos rápidamente y no tuvimos miedo a la hora de invertir y por suerte nos fue bien. Eso es un poco, el ejemplo que tomamos de la empresa Fernández Campbell, cuando veíamos que ellos metían todos los días un barco nuevo, un muelle nuevo, una oficina nueva, pensamos 'si el río suena, agua trae'. Lamentablemente, mi papá no pudo ver la nueva obra terminada.

¿Cuál es tu opinión del turismo en el país hoy con respecto a la de 20 años atrás?
La verdad que hoy en día, los que integran toda la cadena del turismo en la argentina, ven la realidad actual, que dice que Argentina es muy competitiva internacionalmente, pero en la década del 80 Argentina era un desastre. Nadie entendía nada, salvo el clásico Hotel Internacional de Mar del Plata o cosas así, solo había hotelitos tipo de pueblo, donde capaz te atendía un tipo que con suerte te dice buen día. Por eso digo que corríamos con la ventaja de haber visto como era el mundo exterior, donde el turismo tenía otros conceptos. Teníamos la costumbre de invitar, por ejemplo a dos japoneses que venían a escalar el hielo continental, y para nosotros era como ser integrantes de un programa de Discovery Channel. Siempre decíamos: 'esta noche, las orejas como Dumbo', para ver que aprendemos de todo esto. Y la verdad es que nadie de nosotros hizo ningún curso de hotelería ni turismo, más adelante hemos hecho algún curso de administración de empresa o cosas así, pero eso es todo.

Hostel del Glaciar cumple 20 años, pero esto no termina acá ¿cómo continúa esta historia?
Hoy, por suerte ya certificamos ISO en el Hostel de Av. Libertador y queremos más. Para esto se requiere un plan de gestión, que es el mismo para cualquier tipo de empresa y tiene que ver con todos los aspectos que hacen a la calidad del producto o servicio que uno brinda. Certificamos el hostel en forma integral, y de Patagonia Backpackers solo la parte administrativa, pero no el tour en sí. Para el año que viene queremos meter nuestra parte de transporte y también el Hostel de Los Pioneros dentro de ISO. Esto es muy reciente, los certificados todavía están en Inglaterra. Hoy sabemos que somos el primer hostel del país certificado por ISO, lo cual es muy importante, para nosotros y también para Calafate.
También tenemos el plan de hacer un nuevo hostel, talvez podamos llamarlo Hostel del Glaciar Las Piedras Voladoras, me podría dar el gusto (risas). Todavía no está firme la idea, pero sería para el 2009.

Danny vuelve a prender el celular, que se mantuvo apagado durante las casi dos horas que duró la charla. Suena instantáneamente, señal de que hay que volver a los quehaceres diarios, dejando atrás este resumen de 20 años de historia.

Publicado Vie 11 de Enero 2008 - 21:11 | Volver

Galería de imagenes (4)

Haga click sobre la vista previa para ver la imagen. Galería completa

Danny sonríe en la en entrada del Hostel del Glaciar Los Pioneros, el más antiguo de los dos, pero el que tiene más valor histórico y sentimental. Foto: Marcos López (PP). El Ingeniero Mario Feldman, junto a su esposa. Ambos son los principales responsables del desembarco en El Calafate y posterior desarrollo de lo que hoy es el Hostel del Glaciar. Foto: Gentileza Danny Feldman. El Hostel del Glaciar del Libertador es el edificio más moderno de la empresa. Cuenta con gran calidad en las habitaciones y la certificación ISO 9001. Foto: Gentileza Hostel del Glaciar.
A Danny se lo puede ver trabajando día a día en la coordinación de personal y la coordinación en ambos edificios. Foto: Gentileza Hostel del Glaciar.   

Regresar