El 7 de diciembre se cumplió un nuevo aniversario de aquel decreto sancionado por Marcelo Torcuato de Alvear, el cual conformaba a El Calafate como un núcleo urbano. Comenzaba a escribirse la historia de un lugar particular, que ni el más visionario de sus pioneros, hubiera pensado que sería el centro turístico internacional que es en la actualidad.
El Calafate (PP). Como es de imaginar, El Calafate no siempre fue la pujante villa turística que conocemos hoy. Según nos cuenta el historiador local Luis Philemon, "el nacimiento de El Calafate fue un proceso lento, donde primero nacen las estancias y luego se van poblando las zonas norte y sur del lago argentino". El nombre de 'El Calafate' proviene de un pequeño arbusto, típico del sur de la Patagonia. En torno a su fruto, una baya muy utilizada para fabricar dulces, se generó una tradición que pregona que quien la come alguna vez, regresará por más. Sin embargo la realidad de hoy, marca que quien conoce El Calafate no solo quiere volver, sino que no quiere dejarlo.
Anteriormente a 1927, los primeros pobladores llegaban desde el extranjero, para asentarse al pie del Cerro Frías o el Cerro Buenos Aires, habiendo pasado previamente por Puerto Natales, donde también se había comenzado a poblar. Con la llegada de estos inmigrantes, toda la comarca del Lago Argentino se fue rodeando de estancieros, tal es el caso de los Menéndez Betty y su Estancia Anita, recordada, entre otras cosas, por los trágicos hechos ocurridos en 1921 con los fusilamientos de los obreros rurales en huelga en manos de los militares. También son recordados Jerónimo y José Stipicic, quienes en 1913 compran la estancia Cerro Buenos Aires, luego se instaló sobre el río Santa Cruz la sucursal de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, donde el señor Charles Fuhr se estableció en el año 1904 instalando también un hotel y servicios de balsas de la estancia Alta Vista. Por otro lado, ya en 1916 Cecilio Freile se muda a la desembocadura del "Río Mitre", donde funda el "Hotel Río Mitre", dedicándose además al cultivo.
En ese entonces, no existía la industria del turismo tal como la conocemos en la actualidad. Muy por el contrario, la principal actividad económica y causa por la cual se comenzaron a asentar los pobladores en esta zona, era la explotación del ganado ovino. El obrero era la herramienta fundamental y la lana extraída era la carga que llenaba las carretas, que solo llegaban a esta zona con un fin comercial. Desde este punto de vista, podemos afirmar que, lo que luego sería El Calafate, solo era un paraje para viajeros y comerciantes que tenían como destino los puertos de la costa.
La población rural se fue acrecentando y, de a poco, aglomerando. En la zona del actual ejido urbano de la ciudad se había establecido un puesto, que todavía se conserva en pie y que es propiedad de Sañin Simunovic, que está frente a la plaza Perito Moreno. "hace unos 4 meses rescaté un documento que es una libreta de un topógrafo realizada en 1903 en cual está el puesto de Remigio Ortiz como única construcción existente en el calafate en ese año" explicó Philemon, quien agregó que "José Pantín, proveniente de España, es prácticamente el fundador del pueblo y, a partir de él, empiezan a parecer otros pobladores como Horacio Echeverría con su familia, quienes construyen el primer hotel de material, y que luego fue comúnmente llamado el hotel de la piedra grande". Esta piedra que tenía un gran valor simbólico, se encuentra sepultada actualmente bajo la traza de la Av. Libertador.
Otro pionero muy recordado, es Emilio Amado, quien junto a su familia de origen sirio libanés, llegan en 1926 y fundan un almacén, bar, hotel y restaurante, además se dedican a transportar mercaderías con carros tirados por caballos. Durante ese mismo año se prepara un aeródromo improvisado para recibir una avioneta piloteada por Norberto Fernández, siendo utilizado posteriormente por aparatos de la Aeroposta Argentina (hoy L.A.D.E.).
7 de diciembre de 1927
Con estos precedentes arribamos a la tradicional fecha, en la cual se recuerda formalmente todos los años, el nacimiento de El Calafate. Ese día, el Presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear, lanzó un decreto dándole nombre, forma y reconocimiento legal como núcleo urbano, a esa pequeña comunidad que se asentaba en el margen sur del Lago Argentino.
Entre algunos nombres que merecen ser destacados, encontramos el de María Avellaide de Villalustre, quien llega en 1930, y fue la primera maestra oficial. Bajo su dirección se creó una escuela que funcionaba con cuatro grados y 26 alumnos. También encontramos al Dr. José Alberto Formenti, quien en 1934 se hizo cargo de la sala de primeros auxilios y posteriormente del Hospital Rural Lago Argentino, a su vez se dedicaba cultivo de diversas hortalizas para la venta.
Tiempo más tarde, la localidad adoptaría la denominación Comisión de Fomento Lago Argentino por varios años. Finalmente, y luego de la provincialización del territorio nacional, se reflotó el originario nombre de El Calafate, nombre que lleva en la actualidad. La denominación de Comisión de Fomento hacía referencia a la cantidad de pobladores, la cual todavía no alcanzaba para obtener el rótulo de Municipio.
Plasmarla en papel
Con motivo de los 80 años de El Calafate, que se cumplieron en 2007, Luis Philemon trabaja en la realización de un libro denominado 'El calafate, 80 años de historia'. Según nos cuenta "teníamos la intención de presentarlo para esta fecha, pero con tanto trabajo hubo que demorarse un poco" y señaló, en referencia a este libro, que "es una forma de homenajear, no solo a la localidad, sino también, y sobre todo, a todos esos pioneros que llegaron a comienzos del siglo pasado". Nuestro país cuenta con ciudades que hasta superan los 400 años de edad, con lo cual podemos afirmar que, con 80 años, El Calafate es una ciudad muy joven y se encuentra dentro de una provincia que también es joven, ya que Santa Cruz fue territorio nacional hasta 1958. Según detalla Philemon, "en nuestra propia localidad tenemos gente que son mayores en edad que el propio Calafate, como el caso de Horacio Echeverría, Aída y Julio Pantín, Elvina Stephanovic, que incluso fueron nacidos acá, en la zona de Lago Argentino".
Sin duda fueron muchos los pobladores que sufrieron las consecuencias de la distancia y el desabastecimiento, la desolación y las no comunicaciones, sumado a las inclemencias del clima, y por eso el reconocimiento es merecido. Fueron esos pioneros que, por propia suerte o necesidad, llegaron a estas latitudes para asentarse y llevar una vida en contacto la belleza natural incomparable que los acogió, y que hoy, 80 años más tarde es Patrimonios Mundial de la Humanidad, y que todos los que hacen y pertenecen a El Calafate, junto a los cientos de miles de turistas que lo visitan anualmente, tenemos la tarea de cuidarlo y preservarlo.