La estacionalidad en el uso de los servicios turísticos (hoteles, restaurantes, venta de servicios y recuerdos, etc.) representa un condicionante de profundas consecuencias para el crecimiento y desarrollo de los centros turísticos. Su corrección debe ser prioridad en los objetivos a lograr por el sector y en la política a dictar desde el gobierno. En el destino turístico Puerto Madryn, se acaba de dar un buen ejemplo que, repetido en los 2.500 municipios de Argentina, se puede incrementar como algo positivo para las ciudades, comarcas y centros turísticos.
Por Antonio Torrejón - Colaborador Especial. A través de la Resolución Nº 1663/07 que lleva la firma del Intendente Municipal Carlos Tomás Eliceche de Puerto Madryn, el Día del Empleado Municipal (8 de noviembre) fue trasladado al día viernes 9. Para incrementar por parte de esos trabajadores el disfrute, de esa conquista social, con un "fin de semana largo". Venimos bregando hace mucho tiempo para que, a los días oficiales, les agreguemos este criterio de fines de semana largos a los feriados gremiales, con lo cual se llegaría a un ideal que no altera ni la productividad, ni el calendario escolar.
Desde la gestión 1987 de Francisco Manrique en la Secretaría Nacional de Turismo, se incorporaron 4 fines de semana largos a partir de celebraciones calendarias que, reubicadas en el lunes siguiente, pasaron a ampliar la generación de riqueza en miles de pueblos o ciudades del interior de Argentina con cualidades turísticas. Desde 1978 también se lograron desdoblar las vacaciones de invierno, lo que ha permitido calidad para los usuarios y beneficio para los prestadores y operadores de servicios de viajes y turismo. Ésto, agregado al rito religioso de Fin de Año y de la Semana Santa, en coincidencia de feriados fijos con los fines de semana originan un calendario que, más allá de la frivolidad que en otros tiempos se podía presumir, surge un apuntalamiento inteligente sobre una de las actividades prioritarias del país, desde lo productivo genuino y sostenible a lo respetable que debe ser para los Gobiernos, un sector con más de un millón de trabajadores permanentes, piedra angular de la mejor "calidad de vida".
La explosión del turismo como fenómeno mundial cuantitativo, como "conquista social del siglo", imparable en el crecimiento de las últimas tres décadas, otorgó una nueva dimensión al fenómeno, ahora masivo, arrastrando la provisión de miles de puestos de trabajo y dando forma a uno de los tres factores esenciales que movilizan la economía del planeta. El turismo de las últimas décadas no se parece en nada al que existió en el pasado. Históricamente. "hacer turismo", parecía privativo de clases sociales económicamente acomodadas, o dicho de otro modo, de personas que no tenían limitaciones ni en el gasto ni en el tiempo. Profundizando el tema podemos agrupar los efectos negativos de la estacionalidad en el turismo en dos grandes apartados: económicos y sociales.
Entre los primeros cabe citar la baja rentabilidad de las inversiones en equipamientos turísticos, que deteriora las infraestructuras, junto con la estimulación al alza de los precios; el elevado costo de la reposición y amortización de infraestructuras y la dificultad en el armado de un eficaz servicio de transporte, proveedor de visitantes. Como efectos sociales negativos se pueden mencionar: la temporalidad de los puestos de trabajos principales, el deterioro del entorno ecológico y paisajístico de todos (si en un corto período se deben hacer las ganancias, entre otras cosas, se "sobrecarga" el lugar o los atractivos de oferta). Forzadas las estructuras en los meses de temporada alta para poder recepcionar un número importante de turistas que coinciden en los mismos lugares en idénticas fechas, se producen ataques directos a la propia naturaleza que terminan alterando el equilibrio ecológico. Así se contaminan playas y cursos de agua, se llega a sobredimensionar la planta de servicios (agua, luz, gas, cloacas, etc.) se alteran los patrimonios forestales y llegan a originarse perjuicios irreversibles.
Otro aspecto a considerar es el de las incomodidades que se soportan en los lugares del destino vacacional como consecuencia de los elevados niveles de concentración puntual. Entre ellos pueden mencionarse: la reducción de la satisfacción del viaje o vacación; la desaparición de la tranquilidad y el sosiego en playas, bosques y sierras; y la desordenada, además de sobrecargada, demanda que reduce la calidad de los servicios y los encarece, en muchos casos, destruyendo la imagen del Centro Turístico y en este conjunto de reflexiones, cabe recordar que la relación de estacionalidad y desempleo es de consecuencias perjudiciales: solo un limitado porcentaje de prestadores de servicio puede migrar en el logro de una continuidad laboral, quedando el resto subutilizado gran parte del año.
El Dr. Manuel Figuerola Palomo, explicaba en su cátedra (Madrid-España) que hoy en los países desarrollados o en vías de serlo, por el incremento de los "costos fijos", no se justifica pensar en la construcción de hoteles de cuatro o cinco estrellas en lugares cuyos atractivos "genuinos", cercanos, no permitan una retención de viajeros el 50% de los días del año. Desestacionalizar, no es sólo vender más , sino vender mejor, el factor precio como resorte de captación de clientes en baja temporada, debe alternarse significativamente con la diversificación del producto, generando deseo en el consumidor final, en los cuatro grandes campos de actividades culturales, entretenimientos y juegos, deportes y salud. A esta tarea debe aplicarse un claro sentido de innovación y creatividad.