Resulta cautivante la existencia de un lugar solitario y dotado de tanta belleza, al que acceden pocas personas anualmente. El cruce en barco, la caminata sobre la morena lateral, la colocación de grampones para poder adherirse al hielo y las mochilas cargadas, fueron algunas de las características compartidas por las 17 personas que salieron de excursión con el Club Andino Lago Argentino.
El Calafate (PP). Desde el momento en que se repasan los elementos que serán necesarios para la salida en la reunión informativa y obligatoria, las imágenes comienzan a generarse y a jugar en el inconsciente colectivo del grupo que se acaba de formar. Hay que conseguir algunas prendas y el alimento, pero también se mira al cielo seguido para tratar de adivinar algo imposible: cómo estará el tiempo.
Portal Patagónico vivió desde adentro la excursión, se colocó una mochila de trekking bien cargada para descubrir un lugar increíble y, con un espíritu de grupo bien marcado, emprendió el viaje por los casi ocho kilómetros de ida. "Las salidas a la montaña por lo general sacan lo mejor de cada uno, requieren de solidaridad y, además, debemos comportarnos como grupo" señaló Paula Pera, guía de montaña y responsable del Club Andino que estuvo a cargo de la salida.
El viaje de ida
Con las mochilas preparadas y algunas exageradamente cargadas, como las de Portal Patagónico, las 17 personas estuvieron listas a las siete de la mañana en la sede del Club. Desde allí el traslado se hizo en vehículos particulares hasta el puerto Bajo la Sombra, donde se procedió al cruce del brazo Rico del Lago Argentino en la embarcación Alacalufe. Luego del chequeo de las mochilas y cargar los grampones que servirían para caminar sobre el hielo, la caminata se inició por el bosque que permitió adentrarse por el lateral del glaciar.
A partir del avance por la morena lateral que se realiza sobre un terreno escarpado y con piedras sueltas que son empujadas por el glaciar
cuando se mueve, se visualiza una cascada imponente sobre la margen izquierda y por momentos se camina sobre un suelo de hielo, que está cubierto por tierra debido a la acción de arrastre que realiza el glaciar en esa zona. "En este caso a la velocidad la determinó el grupo porque el clima nos acompañó bastante, pero el guía siempre tiene que ir tirando un poco más porque hay que llegar a un cierto horario" aseguró Pera, quien comentó algunas consideraciones que tuvo en cuenta al estar encargada del grupo. Las fotografías sobre el hielo fueron una constante y todos los integrantes no escatimaron tiempo para posar junto a lugares insólitos que se fueron descubriendo: grietas, lagunas interiores con diferentes tonalidades de azules y algunas cuevas profundas que llamaron mucho la atención.
A caminar sobre el hielo
Al llegar al borde del glaciar entraron en acción los grampones, los mismos se colocan debajo del calzado y tienen la particularidad de tener puntas de hierro para ganar adherencia. Tras una breve instrucción (para evitar tropiezos) se emprendió la caminata, dejando atrás la cara más famosa del glaciar, en busca de un frondoso bosque que se ubicaba en el horizonte. Allí se encontraba el Refugio Buscaini y en esa dirección avanzábamos.
Si la sensación de caminar sobre el hielo ya era increíble, mucho más lo fueron los paisajes que con el correr de los metros se hicieron presentes. Las características que se fueron encontrando sobre el glaciar, las explica Paula Pera quien a diario camina sobre el hielo. "Vimos los sumideros, que son drenajes naturales del glaciar por donde circula el agua y llega hasta el fondo de roca. También encontramos los conos de fusión que están elevados de la superficie y tienen la particularidad de tener una roca o un objeto grande arriba. Esto se produce porque el objeto protege el hielo que está debajo, pero no el hielo que está alrededor que se va erosionando".
El sector más complicado de la caminata fue el momento de regresar a tierra, una pendiente pronunciada de hielo obligó a que los guías
separaran el grupo y descendieran junto a cada uno de los integrantes. "Cuando encontramos alguna bajada que es segura pero con una cierta exposición, la manera correcta es ir de a uno y tomarlo con calma, de esa forma la gente se siente cuidada y también uno los puede asistir en el caso de que pase algo. Hay que tener en cuenta que el grampón se clava en el hielo y no te vas a patinar porque quedas adherido, lo único grave que puede pasar es que alguno se enganche el grampón con el pantalón, por eso es que siempre insistía: pies separados, pies separados y pies separados hasta llegar abajo" comentó Paula en las instalaciones del Club Andino.
La llegada y el fogón
Casi a las 16 horas llegamos a un río que baja a través de una pendiente importante desde lo alto de la montaña, para terminar formando una lagunita al pie del glaciar Perito Moreno. Justamente desde allí y subiendo por el bosque unos 150 metros, se llega al tan ansiado Refugio Buscaini. Rodeado por árboles y con el río a sus espaldas, el destino de la excursión era alcanzado nuevamente por el Club Andino Lago Argentino. La primera indicación de los guías fue armar las carpas por las dudas que comenzara a llover, después algunos fueron a buscar leña para tener fuego y poder hacer el asado, otros fueron en busca de agua y los que llevaron calentadores se pusieron a llenar los termos para disfrutar de unos mates calientes.
Al lado de un fuego tan intenso como reconfortante, se hicieron las rondas de mates y asomaron algunos contadores de chistes que hacían presagiar una noche divertida. Aún no eran las 20hs cuando entró en acción la parrilla, que es propiedad del refugio y fue donada hace varios años por la empresa Hielo y Aventura. Con ella aparecieron chorizos, bifes y presas de pollos que armaron el banquete. Como se acostumbra a decir en estas situaciones, las cosas que suceden en el fogón mueren en él y no se filtran. Pero se puede comentar la guerra de canciones que se armó entre dos grupos, o bien, las rondas de chistes entrada la noche y cuando la parrilla estaba quedando desierta.
Amanecer y el regreso
Los primeros rayos de luz no fueron molestia para seguir durmiendo y recién dar señales de vida cuando habían pasado varios minutos de las 8 horas, y algunos cerca de las nueve de la mañana. Algunos empezaron con los mates, otros se inclinaron por un café o té, todo acompañado con galletitas o algo dulce que haya sobrevivido a la merienda del día anterior. El descanso fue la previa para el desarmado de las carpas y la firma en el libro de visitas del Refugio, dejando la señal de que allí estuvimos un 20 y 21 de octubre que coincidió con el Día de la Madre.
Con el descenso desde el bosque hacia la ladera del glaciar, se pudo ver un increíble paisaje donde la masa de hielo se asomaba entre los árboles de un verde intenso, marcando un contraste que quedó cristalizado en las fotografías de casi todo el grupo. Con algunos achaques típicos por cargar nuevamente las mochilas, el regreso comenzó a las 11 horas y la caminata se hizo en menor tiempo que en la ida, pero eso no fue impedimento para poder visualizar nuevas formaciones por el avance del hielo. Al respecto, nuestra guía brindó algunos detalles interesantes sobre el glaciar que cautiva a miles de turistas por temporada: "La edad no supera los cuatrocientos años, eso quiere decir que el hielo que recorrimos y pisamos fue nieve hace 400 años atrás en la zona de acumulación. Esa nieve se transformó en hielo y empezó a deslizarse montaña abajo por gravedad y pendiente. Además hay que tener en cuenta que todos los glaciares de la patagonia son temperados, esto significa que entre el glaciar y la roca corre agua y se desliza montaña abajo, entonces pierde hielo en su frente por caídas y por fusión, pero al mismo tiempo en la fábrica de hielo está nevando y se vuelve a formar". Además Paula Pera aseguró que el Glaciar Perito Moreno avanza un metro y medio por día en el centro, mientras que en los costados lo hace a 15 centímetros diarios. Estos datos se desprenden de las mediciones que realiza desde hace años el Dr. Pedro Svarka, reconocido glaciólogo argentino y miembro del Instituto Antártico Argentino con sede en Buenos Aires.
Los recuerdos y las fotos que inmortalizaron paisajes y lugares increíbles, son apenas una parte de las sensaciones que genera estar inmerso en el medio de la naturaleza junto a un grupo de personas. La aventura y la suerte de conocer un nuevo lugar, que no es turístico pero resulta muy atractivo por su difícil acceso, brinda la alegría de poder vivir y compartir dos jornadas junto a una de las caras menos conocidas del Glaciar Perito Moreno.

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