El 20 de junio representa para los alumnos de cuarto un día especial, un día con mucha adrenalina. La promesa de fidelidad no solo los pone ansiosos, sino que acelera los corazones de padres, tíos y abuelos que ven a sus chicos dar los primeros pasos dentro del camino de las grandes responsabilidades.
El 23 de enero de 1957 y por disposición reglamentaria del Consejo Nacional de Educación, se implementa la fórmula que se mantiene hasta nuestros días. Suele suceder que se confunde "promesa" con "jura", aunque son cosas diferentes. La Jura corresponde al inicio de funciones en una fuerza armada del país, en cambio, lo que hacen los alumnos de cuarto grado es una promesa de respeto y amor.
La fórmula que se lee en la actualidad dice:
"Alumnos: la Bandera blanca y celeste - Dios sea loado- no ha sido jamás atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra. Alumnos: esa bandera gloriosa representa la patria de los argentinos.
Prometéis rendirle vuestro más sincero y respetuoso homenaje; quererla con amor intenso y formarle desde la aurora de la vida un culto fervoroso e imborrable en vuestro corazones; prepararos desde la escuela para practicar a su tiempo con toda pureza y honestidad las nobles virtudes inherentes a la ciudadanía; estudiar con empeño la historia de nuestro país y las de sus grandes benefactores a fin de seguir sus huellas luminosas y a fin también de honrar a la Bandera y de que no se amortigüe jamás en vuestras almas el delicado y generoso sentimiento de amor a la Patria. En una palabra, prometéis hacer todo lo que esté en la medida de vuestras fuerzas para que la Bandera Argentina flamee por siempre sobre nuestras murallas y fortalezas, a lo alto de los mástiles de nuestras naves y a la cabeza de nuestras legiones y para que el honor sea su aliento, la gloria su aureola, la justicia su empresa."
Los alumnos puestos de pie y extendiendo el brazo derecho hacia la bandera, contestarán: "Sí, prometo".
Originariamente el Consejo Nacional de Educación que era ejercido por José Ramos Mejías, dispuso en febrero de 1909 que la fórmula sea el primer y último párrafo de la que se lee en la actualidad (que fueron extraídos de un discurso de Domingo Sarmiento). En junio del mismo año y por la iniciativa del inspector técnico general, Ernesto Bavio, se le agregan los párrafos dos y tres.