International Village Meetings (o Encuentros Internacionales entre Aldeas) es una organización argentina sin fines de lucro creada enteramente por jóvenes. Su objetivo, desde hace 11 años, es generar encuentros y lazos de amistad entre adolescentes que pertenecen a regiones o países en conflicto. Entre los encuentros que han realizado, se destaca su labor con chicos de Argentina y Malvinas.
El Calafate. (PP). Si hoy en día hablar de las Islas Malvinas sigue siendo un tema escabroso, hace 14 años era prácticamente un tabú. Los lazos entre isleños y argentinos no sólo eran fríos y escasos, sino nulos. Los ciudadanos argentinos tenían prohibido el ingreso a las islas y de hecho, desde 1982, ninguno había vuelto a pisarlas. Las heridas eran recientes y estaban lejos de cerrar.
Una noche de 1992, Juan Manuel Ipiña (fundador de IVM, International Village Meetings) estaba mirando un programa de la BBC en el que hacían reportajes a chicos que vivían en Malvinas (o las Falklands). "Se le hacían preguntas acerca de qué pensaban de Argentina. Esos chicos hablaban barbaridades" recuerda Juan Manuel, que asegura: "tenían enormes prejuicios fundados en inexactitudes y un real desconocimiento. Muchos de ellos no podían tener ni siquiera un recuerdo del conflicto, por las edades que tenían. Sin embargo, el temor y el odio estaba presente en ellos". Lejos de insultar al televisor y quedarse de brazos cruzados, Juan Manuel, que por aquel entonces trabajaba en CISV (Children´s International Summer Village), trató de contactar a la delegación Malvinense para que participaran en algún encuentro de CISV, que es una organización internacional para jóvenes creada en 1955, después de la Segunda Guerra.
Lo primero que hizo fue escribirle una carta a su presidenta, comentándole su intensión de reunir chicos argentinos con malvinenses. Tres meses después llegó la respuesta: "estaban consultando con el Foreing Office, para ver si era posible". Si bien la directora de la organización estaba de acuerdo con la idea, fue desde la comisión directiva de CISV Argentina donde se opusieron sistemáticamente. Le contestaron que era una cosa muy política y que no querían meterse en eso. Juan Manuel explica: "insistí durante más de tres años, explicándoles que era posible y necesario. En 1995, mientras daba un curso en Noruega, conocí a Marit Elverland y fue allí cuando me decidí. Volví a Argentina y fundé IVM".
Un primer encuentro
En pocos meses la ONG ya existía, el entusiasmo y la capacidad de gestión era algo que no escaseaba entre los jóvenes de IVM. Sin embargo, se toparon contra una primera realidad: no tenían forma de acceder a las Islas con pasaporte argentino. "Yo conocía a un malvinense que trabajaba en la BBC, Graham Bound, que me ayudó al realizarme diversos reportajes que se emitían en las islas, en un programa llamado Call the Falklands. Sin embargo sabía que si quería lograr algo tenía que ir hasta allá" comenta Ipiña.
Gracias a diversos contactos, principalmente la Fundación Antorchas que pagó los pasajes y CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), se logró que dos integrantes de IVM pudieran viajar: una sueca Kerstin Astrand y una argentina, pero con pasaporte alemán, Lara Manóvil. Luego de publicar avisos en el Penguin News (diario de las islas) y anunciar su llegada por radio, lograron que un chico de Malvinas quisiera participar.
En 1996 realizan con enormes esfuerzos un primer encuentro en Colonia (Uruguay), donde participaron 5 chicos del Colegio Nacional de Buenos Aires, un chico de Malvinas, Kio Smallwood y uno de Brasil, Carlos Metzler. Juan Manuel explica que "al ser una organización sin fines de lucro, los participantes sólo deben pagarse el pasaje y un seguro; la comida y el alojamiento corren por cuenta de la organización. Para aquel primer encuentro, como las empresas que se habían comprometido a darnos los fondos se habían borrado a último momento, los gastos los pagué yo, luego de pedir prestado a varios familiares, entre los que se destacaron mis abuelos".
El primer encuentro fue un éxito total y los chicos lograron establecer lazos de amistad importantes, al darse cuenta de que no eran tan distintos como hubieran podido suponer. "No hubo discusión en ningún momento sobre quién era el dueño de las islas. De hecho a veces Kio las llamaba Malvinas y los chicos de Buenos Aires las Falklands" recuerda Ipiña, que dirigió el encuentro junto a una estudiante noruega de antropología, de 25 años, Marit Elverland.
Juan Manuel recuerda también que el día que le tocó cocinar a Kio, el chico de Malvinas, hizo empanadas de tomate, lo que impresionó a todos, por el parecido a las argentinas. "Kio se quedó fascinado con el mate -dice Juan Manuel-. No sólo volvió con mate y yerba, sino que elaboró una compleja teoría sobre el flujo del agua y la mejor manera de cebar para que no se lave rápido. Aunque lo más importante fue que Kio ahora tiene amigos en Argentina y los argentinos tienen un amigo en las islas".
Los pasos que siguieron
En agosto de 1999, luego de varios acuerdos diplomáticos, el canciller Guido Di Tella acordó con su par Británico, Robin Cook, que uno de cada cuatro vuelos efectuados a las islas, realizados por LAN Chile (provenientes de Punta Arenas) hiciera una parada en Río Gallegos y que se permita el ingreso de argentinos. En octubre de ese año, Juan Manuel viajó a Malvinas junto a una joven santafecina, Inés Buzzi, para coordinar un encuentro de IVM en Malvinas. Según Juan Manuel: "logramos a través de IVM que Inés, una chica que había participado ya de otro encuentro, pudiera publicar una carta abierta a los habitantes de las islas (en el Penguin News) y que había sido contestada espontáneamente por 5 personas (…) Si bien a la primera reunión no vino nadie, en la segunda se acercaron 9 chicos de 16 años, de los cuales 4 confirmaron su participación".
Se fijó la significativa fecha del primero de enero de 2000 para dar inicio al famoso encuentro en las islas. Durante esos primeros 15 días del milenio, 7 chicos del Instituto Integral de Educación de Río Grande y un porteño viajaron y convivieron con chicos de Malvinas. "Pronto surgieron amistades, y por lo que sé aún se siguen escribiendo. Dos fueguinos dieron un paso más allá y alimentaron un romance con chicas de las islas" recuerda Juan Manuel y agrega: "los chicos llevaron mucho material de acá para contarles a los isleños cómo es Argentina. Allá dieron una clase teórico-práctica sobre el mate y las tortas fritas. Y los isleños organizaron una visita al colegio y a la pileta. La segunda semana visitamos al secretario de gobierno, Russ Jarvis. En esa reunión los chicos se mostraron muy interesados en saber qué podían hacer los jóvenes para aumentar el acercamiento entre las islas y el continente". Uno de los argentinos que participaron de aquel evento, Martín Sánchez, afirmó a su regreso que "es increíble lo parecido que somos. Nos gustaba la misma música e incluso usamos ropa muy parecida".
Además de ese encuentro, IVM realizó campamentos de integración entre argentinos y chilenos, también históricamente enemistados por los diversos conflictos limítrofes y militares. Este encuentro se llevó a cabo en 2001, en el refugio Nunatak, en el Valle de Tierra Mayor. Los resultados se repitieron una vez más y los jóvenes demostraron nuevamente ser abiertos, receptivos y con ánimos para entablar amistades y conocerse.
Una puerta abierta y un llamado
Actualmente IVM se encuentra atravesando un gran parate iniciado en 2001, cuando Juan Manuel, verdadera alma de la organización, se agotó de luchar "contra molinos de viento". Se paseaba una y otra vez por los despachos de las empresas porteñas, que después de decirle que eran fines muy altruistas, lo despedían con una palmeada en la espalda. En 2003 retomó el camino del arte, cansado de las idas, las venidas y las contradicciones que veía en la gente. "Ahora me encuentro tratando de legar la posta de IVM. Hay un grupo de jóvenes docentes de Tierra del Fuego que parecen estar muy interesados en hacerlo. Mi intención es desaparecer de escena, pero generando cosas, que sea de manera fértil (…) Mi idea es hacer un viaje con ellos a las Islas para que se interioricen y conozcan a la gente, y después dejarles la organización en sus manos: la ONG con todos los papeles y la responsabilidad jurídica, para que ellos aprovechen la estructura que está creada".
Cuando se le pregunta acerca de qué quisiera para el futuro de la organización, responde: "Me gustaría que IVM siga existiendo con otra gente. Estoy juntando las capacidades y las energías para darle otro empujón a eso, como para que haya una posta de gente que esté más cerca o que tenga más entusiasmo. La ONG está ahí, viva, pero yo no estoy empujando como para que sucedan cosas. Hay gente que está allá, que está cerca, que le costaría mucho menos recibir contingentes de isleños que vengan o ir a las islas (…) Me gustaría que IVM se transforme, que se lo apropien un grupo de chicos. Lo más jóvenes posibles, en el sur, ya sean de Santa Cruz o Tierra del Fuego. No querría que se lo apropie ningún gobierno provincial. Yo querría un grupo de chicos muy fuerte que pueda pensar por sí mismo, que use las posibilidades que yo le puedo dar, además de los contactos en las islas. Pero después que se dispare en la dirección que los chicos quieran, yo no quiero interferir. Eso es lo que me gustaría. Chicos jóvenes con empuje, que quieran hacer cosas y que puedan pensar por sí mismos, en libertad".
La posibilidad está al alcance de la mano, sólo falta que un grupo de jóvenes patagónicos se anime a darle una nueva oportunidad a la paz y tome la posta de IVM.