La Patagonia es una tierra fértil en historias y leyendas. Sin embargo suelen confundirse unas con otras. Tal vez por su geografía distante y su legado de relatos fantásticos es poco lo que se conoce con precisión acerca de su pasado. Por ello la obra histórica de este escritor radicado en Trelew (Chubut), es fundamental a la hora de comprender un pasado complejo y anónimo.
El Calafate (PP). La primera vez que vi a Clemente Dumrauf se encontraba en el Lobby de la hostería Kalken, sentado en un sillón de dos cuerpos junto a su mujer, Helena. Esperaba apaciblemente que le entregaran la llave de su habitación. Su mirada era curiosa y juvenil detrás de unos gruesos lentes que parecían nacer directamente de unas cejas canosas y tupidas. Miraba detenidamente a un grupo de turistas que se encontraba agolpado frente a la recepción, impacientes como hormigas entrando y saliendo de un hormiguero.
- Buenos días -le dije-. Soy Juan Cruz Ordóñez, de Portal Patagónico.
Me miró con una sonrisa e hizo un gesto para que me sentara a su lado. Los turistas levantaron el volumen, ahora entraban y salían cargando montañas de bolsos. Una camioneta los esperaba afuera. Partían rumbo al aeropuerto.
- Del periódico, ¿no es cierto?
- Así es. Queríamos hacerle unas preguntas acerca de su labor como escritor patagónico.
Sus ojos brillaban detrás del vidrio de los anteojos. Me miró con profundidad y luego contestó:
- Encantado de contarle mi historia, pregunte con libertad.
- ¿Cómo comenzó con sus trabajos históricos acerca de la Patagonia, dado que usted es nacido en Stroeder, provincia de Buenos Aires?
- Empecé a ocuparme e interesarme de la historia patagónica cuando empecé mi actuación como maestro. Yo realicé casi toda mi actividad docente en la Patagonia. Estuve en Bariloche, en General Roca, en Comodoro Rivadavia, en Río Gallegos y después terminé radicándome en Trelew. Y bueno, justamente viendo una falta real de una historia completa, especialmente de Chubut, como me quedé ahí, centré mi actividad en Chubut.
- ¿No había libros de historia sobre Chubut?
- Como dije en varias oportunidades, se contaban muchas historias y habían escritos sobre temas muy determinados, pero de muy poca consistencia histórica. Había relatos, referencias a tal o cuál hecho o persona, pero no había un texto u obra de historia bien elaborado, sobre base documental, coordinando diversos temas. Bueno ahí empecé a ir juntando material y como resultado de todo eso al final logré sintetizar la información en los distintos libros que he publicado.
- Usted dijo en una oportunidad que la mayoría de los libros que existen acerca de la Patagonia estaban escritos por autores extranjeros, ¿a qué cree que se deba esto?
- Principalmente a las editoriales. Hay que tener en cuenta que las editoriales son empresas mercantiles, con intereses económicos, entonces buscan lo que llama la atención. Uno ve que por ahí pasa un extranjero, hace una excursión por la Patagonia, pasa un par de meses, saca un libro y es un éxito editorial. En cambio los escritores regionales, de la Patagonia, tienen que luchar y muchas veces costear la edición del libro por su cuenta, y eso no resulta fácil. Sobre todo teniendo en cuenta que hay que trabajar de otra cosa para vivir. En el caso mío, de la docencia. Y así, a fuerza de pulmón, he ido hacia delante.
- Que no haya libros de autores patagónicos no significa necesariamente que no haya escritores patagónicos, ¿no es así?
- Exacto. Muchas veces logran hacer tiradas de muy pocos ejemplares, con mucho esfuerzo. Entonces se agotan rápido, además de que tienen una distribución muy reducida. Por ejemplo allá en Trelew y Rawson hay varios escritores. Pero se publica ahí y no se sale de ahí, o muy escasamente. En mi caso, en estos últimos libros que escribí, se ha interesado una editorial porteña, que es la Editorial Continente. Han publicado varias colecciones de temas patagónicos y entre ellos, pude sacar estos libros (en referencia a Patagonia azul y blanca, editado en 2004; y Patagonia tierra de hombres, de 2005).
- ¿Cómo llegó usted a ellos?
- Yo estaba buscando una editorial para publicarlo y Alberto González Arzac, que fue quién escribió el prólogo del libro, a través de la Editorial Peña Lillo se puso en contacto con Continente. Entonces recibieron el libro, les interesó y salió. Pero antes hubieron muchos intentos fallidos de mi parte en otras editoriales.
- ¿Cómo es el trabajo de un escritor patagónico a la hora de buscar una editorial que lo publique?
- Cuando vas lo primero que te piden es el texto. Cada editorial tiene su Consejo Asesor y ellos te dicen sí o no. Bueno, lo que experimenté muchas veces es ese: "está muy bueno el trabajo, pero no coincide con nuestra línea editorial". Esas palabras las he escuchado más de una vez. Todas la editoriales se guían por una línea ideológica y de mercado. Ahí es cuando tomás tu libro bajo el brazo y vas a golpear otra y otra puerta.
- ¿Usted nota interés por parte de la gente con respecto a los libros de historia patagónica?
- Hay bastante interés. Lo he comprobado más que nada cuando hago una exposición en Congresos de Historia. Cuando termino de hablar la gente hace una importante cantidad de preguntas. Siempre me veo rodeado de varias personas, que se acercan y me preguntan con verdadera curiosidad. El tema despierta interés.
- ¿Hay mucho desconocimiento de la historia patagónica?
- Sí, precisamente por eso que te dije hace un rato: hay muchas historias y poca historia. Cada uno arma su historia y la cuenta a su manera, buscando por lo general la espectacularidad, el sensacionalismo, justamente para despertar el interés del potencial lector, porque de hecho la edición de libros es un negocio comercial.
- ¿Cómo le explicaría a alguien la importancia de conocer la historia?
- Alberdi, por quién siento muy poca simpatía, tenía una frase que ilustra muy bien eso. "¿Para qué recordar el pasado?" se pregunta, y luego se responde: "al recordar el pasado podemos reconocer nuestras fallas, los escollos que hemos tenido, de esa manera reconociéndolos podemos evitarlos en el futuro. Si no señalamos los hoyos dónde se hundió el pasado, se nos va a hundir ahí el presente". Yo creo que de la totalidad de hechos del pasado, para lograr justamente eso, que el presente no se nos hunda en los hoyos del pasado, es mucho más eficiente recordar los hechos positivos de la historia. No porque tengamos que olvidar los negativos, porque todo forma parte de la historia, pero creo que es fundamental poner el acento sobre los hechos positivos frente a los negativos.
- De ahí su libro Patagonia azul y blanca. Cuéntenos un poco acerca de él.
- La intención de este libro es justamente destacar hechos positivos de la historia patagónica, a los que se les ha restado importancia o se los ha olvidado. Yo trato en el libro 30 casos y siempre tomo como punto inicial el hecho cuando se izó por primera vez la bandera nacional, con el propósito de afirmar soberanía, ¿no?. Entonces yo trato de destacar en este libro la acción de aquellos hombres por cuyo trabajo, por cuya presencia y gestión aquí en la Patagonia, esto se mantuvo, fue, permanece y sigue siendo argentino. Como señaló en una oportunidad Ernesto Fitte: "Por un milagro la Patagonia sigue formando parte de nuestro territorio nacional; sólo por un expreso designio de Dios no soportó también un destino semejante al que corrieron las islas Malvinas".
- ¿Por qué sucedió esto? ¿Qué nos jugó en contra y cómo la mantuvimos?
- Sucede que los hombres a cargo de nuestra organización nacional, en sus comienzos, tenían una visión de país en la cuál estábamos destinados a producir materias primas baratas para el resto del mundo. La Patagonia, en ese esquema, era un desierto estéril y sin mayor utilidad. La Patagonia así como se la conocía, o mejor dicho como se la desconocía, no representaba interés alguno. Lo extraño era que en contraste otras naciones, con clara visión de futuro, ya estaban merodeando por estas costas, con el interés puntual de apropiarse de estas tierras, llegando incluso a realizar actos de ocupación, como el de Malvinas. La tarea de ciertos hombres que pensaban diferente, como Francisco Moreno, Piedra Buena, Carlos Moyano, entre otros, hizo posible que esto no ocurriera. Más adelante hubo un cambio de política, pero hasta entonces estuvimos a punto de perder la Patagonia en su totalidad.
- ¿Cuándo y cómo se dio este cambio?
- Este desconocimiento y despreocupación por la Patagonia alcanzó su punto máximo y crítico al concluir la presidencia de Domingo Sarmiento. El cambio se dio concretamente en octubre de 1874, cuando Avellaneda asume la presidencia de la República. Él le encomienda a Bernardo de Irigoyen la tarea de encaminar las negociaciones sobre bases seguras y concretas. Irigoyen, en su primer informe le transmite a Avellaneda: "no poseemos un informe científico, un viaje, ni un reconocimiento al que podamos dar pleno crédito. Estamos sin más datos que desde la época colonial o los que nos transmite algún extranjero o aventurero que haya pasado por allí". Él le propone al presidente encarar una política seria al respecto. Le dice: "los estudios y la ocupación real y efectiva del territorio deben emprenderse resueltamente. La soberanía debe ejercerse real y efectivamente". Hasta que asumió Nicolás Avellaneda puede decirse que nadie se ocupó de la Patagonia: hubo que empezar de cero. Por eso lo primero era conocer, conocer la Patagonia para poder reclamarla y defenderla. Por eso su gobierno apoyó resueltamente todas las expediciones exploratorias a la región. Gracias a este cambio de política gente como Francisco Moreno logró concretar su viaje y llegar hasta el Lago Argentino, al cuál había intentado llegar en otra oportunidad, pero por falta de apoyo y elementos no había podido.
- ¿En qué contexto se dio el viaje de Moreno?
- Tené en cuenta que no habían límites. Habían dos naciones, una al lado de la otra, pero no habían límites. El tratado por el límite recién es de 1881. El lago estaba en una zona completamente litigiosa, por eso él lo llamó Argentino.
- ¿Y cómo encontró usted El Calafate y el Lago Argentino desde la última vez que vino?
- La última vez que vine fue hace 34 años. Te diría que lo encontré desconocido, al punto que podría decir que es la primera vez que vengo a este Calafate y a este Lago Argentino. Antes era un pequeño grupo de casas, un pueblito con muy escasas comodidades. En aquella oportunidad estuve dos noches, en un hotel muy pequeño. Recorrimos la zona en un Citroen azul modelo 73 que yo tenía por aquel entonces. Vinimos de Río Gallegos, era todo ripio, al igual que el camino al Glaciar. Ahora es todo distinto: caminos pavimentados, esos enormes catamaranes que recorren el lago entre los témpanos, las comodidades de los hoteles, las actividades... La verdad es todo muy interesante.
Nos despedimos con un apretón de manos. Clemente prometió escribirnos, y lo hizo. Poco después de su partida nos envió una carta junto con dos de sus libros y algunos artículos que había publicado en la revista Cono Sur, de Chubut. En su carta afirma: "He vuelto (a Trelew) gratamente impresionado de ese viaje y estadía en El Calafate por el espíritu de la gente con la que pude relacionarme; cómo sienten lo nuestro y tratan de difundirlo, algo que coincide con mi pensamiento y actitud". En su discurso durante la charla de historiadores organizada en Posada Los Álamos por Luis Milton Philemon, a cargo del Archivo Histórico de El Calafate, Clemente Dumrauf comentó que se iba de El Calafate con "nuevos bríos, al constatar que las cosas que uno escribe, y por algo uno las escribe, tienen este tipo de resultados".
La historia de la Patagonia está lejos de haber sido contada en su totalidad, hay mucho por recuperar, por preguntar y responder. Lo importante es contar con la curiosidad suficiente y la ayuda de profesionales como Clemente Dumrauf, que han dedicado gran parte de su vida a esta tarea.
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