Por cuarta vez en los últimos 125 años, la comunidad científica internacional se reúne para coordinar proyectos de investigación y recolectar información acerca del comportamiento y las variaciones en las zonas polares de la Tierra. Desde el 1 de marzo de 2007, y por un período de dos años, expertos de más de 60 países, incluyendo Argentina, trabajarán conjuntamente para generar un volumen único de información acerca del Ártico y el Antártico.
Buenos Aires (PP) - El Año Polar Internacional (IPY, por su denominación en inglés, International Polar Year) representa una de las mayores iniciativas científicas a nivel mundial lanzada por los comités ejecutivos del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU, International Council for Science) y de la Organización Meteorológica Mundial (WMO, World Meteorological Organization).
En rigor, el IPY se extiende a lo largo de dos años -desde 1 marzo de 2007, cuando se inauguró en el Palais de la Découverte, París; hasta el 31 marzo de 2009. De esta manera los científicos podrán recabar información durante dos ciclos polares en cada región, abarcando dos veranos enteros en ambos polos. Puntualmente, la iniciativa busca obtener datos específicos acerca de cuestiones tales como: determinar el estatus ambiental actual de las regiones polares mediante la cuantificación de sus variabilidades temporales y espaciales; cuantificar y entender cambios ambientales y humanos en dichas regiones -pasados y presentes- para mejorar las predicciones; avanzar en la comprensión de las interacciones entre los polos y el resto del planeta, mediante el estudio de vínculos a toda las escala; investigar las fronteras de la ciencia en regiones polares; aprovechar la posición exclusiva de observación que ofrecen los polos para desarrollar y mejorar observatorios que estudian el interior de la Tierra, su campo magnético, el Sol, el Cosmos y más allá; además de investigar los procesos culturales, históricos y sociales que configuran la resistencia y la sustentabilidad de sociedades cercanas a los polos, así como identificar sus contribuciones específicas a la diversidad cultural global.
EL IPY 2007-2008, que coincide con la conmemoración el 50 aniversario del Año Geofísico Internacional (IGY), incluirá actividades desarrolladas por científicos y personal universitario, así como organizaciones de investigación de todo el mundo e instituciones operacionales tales como servicios meteorológicos y otros organismos. A diferencia del IGY, el Año Polar Internacional 2007-2008 incluye una dimensión social y humana. Esta vez, los científicos también estudiarán una gran variedad de campos enfocados en las condiciones de vida de poblaciones que viven en regiones polares -en todo el mundo, el número de personas viviendo en regiones de este tipo alcanza los 4 millones.
La participación de Argentina en proyectos propios y en colaboración con otras naciones está coordinada por el Instituto Antártico Argentino (IAA), dependiente de la Dirección Nacional del Antártico (DNA).
Los antecedentes
El primer Año Polar Internacional (IPY) fue concebido por un explorador y oficial naval Austríaco, el Teniente Karl Weyprecht, quien fue científico y co-capitán de la Expedición Polar Austro-Húngara que se llevó a cabo entre 1872 y 1874. De sus experiencias, el científico dedujo que las soluciones a los principales problemas relacionados con la meteorología y la geofísica podrían ser más fáciles de encontrar en regiones cercanas a los polos terrestres. El concepto clave del primer IPY (1882-1883) fue que los fenómenos geofísicos mundiales no podían ser relevados sólo por un país, sino que un verdadero compromiso con la magnitud del asunto requeriría un esfuerzo internacional coordinado. Por aquel entonces, 12 países participaron de la iniciativa, que incluyó 15 expediciones científicas a los polos. Además de avances científicos en el campo de la exploración geográfica, esta iniciativa sentó precedentes para la cooperación científica internacional.
El segundo IPY se desarrolló entre 1932 y 1933, esta vez promovido por la Organización Meteorológica Mundial (WMO) como un esfuerzo para investigar las consecuencias globales de un reciente descubrimiento para la época: los Jet Streams o "corrientes en chorro" (flujos rápidos y corrientes relativamente angostas de aire que se encuentran en la atmósfera, a una altura de 11 kilómetros o 36.000 pies sobre la superficie de la tierra). En esta ocasión, el número de naciones que participaron de la iniciativa llegó a 40 y se lograron significativos avances en meteorología, magnetismo, ciencias de la atmósfera y en el "mapeo" de fenómenos relativos a la ionosfera.
El último antecedente en este sentido, se encuentra entre 1957 y 1958. Durante ese período -desde el 1 de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958-, tuvo lugar el Año Geofísico Internacional (IGY, International Geophysical Year), que celebró el 75 y 25 aniversario del primer y segundo IPY, respectivamente. El IGY fue concebido por un grupo de científicos de la segunda posguerra durante una reunión informal en Washington, en 1950. Los expertos tomaron conciencia del potencial de la tecnología desarrollada durante la Segunda Guerra (cohetes y radares, por ejemplo), y propusieron reorientar esas innovaciones hacia la investigación, especialmente, de la atmósfera superior. Los sondeos y descubrimientos del IGY, junto a una vasta selección de observaciones sinópticas, revisaron o "corrigieron" muchas nociones acerca de la geofísica terrestre. Una de los más revolucionarios descubrimientos por entonces fue la confirmación acerca del desplazamiento de las masas continentales.
Es válido mencionar que, el IGY, realizado hace casi 50 años, también fue la antesala para la firma del Tratado Antártico (TA). Gracias ese acuerdo, que entró en vigencia en junio de 1961, el continente antártico fue desmilitarizado y se prohibieron las pruebas nucleares y los desechos radiactivos, asegurando que la región fuese utilizada con fines pacíficos, especialmente exploraciones conjuntas e investigaciones científicas. Además, los 12 países firmantes -Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Estados Unidos-, acordaron suspender sus reclamos (aunque no renunciar a ellos) durante la vigencia de dicho pacto. Esto no es un dato menor considerando que el continente antártico representa la mayor reserva de agua potable en el mundo.
Si bien no se espera que el IPY 2007-2008 tenga consecuencias políticas tan resonantes, la iniciativa es considerada internacionalmente como una medida del interés que cada país tiene sobre la Antártida.

La importancia de los polos
Las regiones polares tienen un rol fundamental en el sistema climático global debido a que se encuentran altamente interconectadas. Actualmente se están produciendo cambios significativos, tanto en el polo Norte como en el Sur, relacionados con aspectos climáticos, ecológicos y marinos, con mayor celeridad que en el resto del planeta. Por otra parte, las regiones polares pueden ofrecer información única sobre el comportamiento del sistema terrestre en épocas pasadas. Tradicionalmente, la severidad climática y lo remoto de estas regiones ha dificultado el acceso a la investigación científica de campo, a diferencia de lo que ocurre con trabajos en latitudes medias y bajas. Además, y justamente por su ubicación en el planeta, las regiones polares ofrecen una perspectiva privilegiada para el estudio de fenómenos tanto terrestres como cósmicos.
Más aún, los trabajos de investigación en los polos son útiles, por ejemplo, para profundizar los conocimientos acerca de la historia de la tierra, el desarrollo del clima y el funcionamiento de los ecosistemas, así como las condiciones de vida de especies animales, vegetales y seres humanos.
Un gran porcentaje de la masa de agua de la tierra está contenida bajo la forma de hielo polar. En ese sentido, es importante monitorear y estimar la estabilidad de las regiones polares para predecir los niveles que los mares podrían alcanzar en el futuro. El hecho de que las temperaturas en regiones polares -especialmente el ártico- estén aumentando a una tasa dos veces más rápida que el promedio global y el volumen de hielo flotante disminuya un 8% cada década, son signos que advierten sobre cambios globales.
Los proyectos
El IPY 2007-2008 tiene un presupuesto general de unos 1.500 millones de dólares, a repartirse en más de 220 proyectos presentados por las naciones participantes. En nuestro país, el Instituto Antártico Argentino (IAA) presentó, en enero de este año, 12 expresiones de interés (EOIs) para proyectos propios y en cooperación internacional. Esas iniciativas, luego de aprobadas por el Comité Nacional creado para tal fin -constituido por científicos y representantes de organismos de financiación, logística y otras organizaciones operacionales-, se erigieron en 15 proyectos definitivos que presentan un rasgo común: ayudarán a conocer cómo el cambio climático, provocado por los gases de efecto invernadero, puede afectar al país. En entrevista con medios nacionales, Sergio Marenssi, geólogo y director del IAA, comentó que el próximo paso para Argentina es exponer los detalles de esos 15 proyectos antes de fin de año. De esta manera, el país se asegura la presencia de más de 25 científicos nacionales en el IPY.
En términos de presupuesto, parte del dinero para financiar las investigaciones saldrá de la Dirección Nacional del Antártico (DNA), organismo del cual depende el IAA, lo cual supone un aumento del 20% más en el presupuesto de 7 millones de pesos que la dependencia recibe cada año. Además, el Ministerio de Defensa -a través del Estado Mayor Conjunto-, brindará apoyo logístico a toda la actividad antártica, mientras que la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica SeCyT también prestará apoyo financiero para la causa.
Por otro lado, la participación activa de Argentina en el IPY cobra una mayor relevancia, ya que el país está recibiendo un gran número de pedidos de colaboración de otras naciones que tienen los recursos económicos para investigar, pero carecen de la estructura necesaria en la Antártida. Así, durante los trabajos científicos, las seis bases argentinas instaladas en el continente blanco recibirán a numerosos científicos que colaborarán en los proyectos.
Entre las iniciativas más destacadas a desarrollar por Argentina se encuentran los proyectos llamados ClicOPEN -que busca medir el impacto del clima en el derretimiento glacial-, y Drake Bioseas -que medirá el impacto humano en la biodiversidad del pasaje de Drake-, liderado por una científica local, la Dra. Viviana Alder (IAA). El resto de las investigaciones en las que Argentina forma parte cuentan con la presencia de, al menos, un científico nacional en cada una.
Aunque el final de los estudios está previsto para 2008, las actividades en sí culminarán en 2010, justamente en Argentina. En esa fecha, cerca de 2.000 científicos se reunirán en Tierra del Fuego para evaluar el impacto del programa al cual le dedicarán los próximos dos años.
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