Portal Patagonico
Septiembre 2007
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Cuando la naturaleza envía señales de advertencia

El cambio climático parece ya estar instalado en el mundo. Pero, ¿cuánto sabemos realmente acerca de este fenómeno? ¿Qué rol juega la actividad humana en este proceso? ¿Cómo se mide el calentamiento global? ¿Qué seriedad tiene el problema? ¿Cuáles son las perspectivas ciertas a futuro? Las respuestas, en un informe que le permitirá sacar sus propias conclusiones.

Por: Mauricio Setien - Corresponsal en Buenos Aires

mauricio@portal-patagonico.com.ar

Buenos Aires (PP).  Hoy en día no es extraño escuchar hablar de fenómenos tales como el "cambio climático", el "calentamiento global" y las consecuencias que podrían tener para el hombre. En efecto, estos son procesos -el primero resultado del segundo- que aparecen como una de las principales preocupaciones actuales a nivel global. Desde el sentido común, normalmente se tiende a vincular estas transformaciones con la actividad industrial de países desarrollados y, en términos más amplios, con la contaminación del planeta. De esta manera, el hombre aparece, quizá desde una óptica un tanto generalizadora, como el responsable directo de los cambios climáticos en todo el mundo. Sin embargo,  existe un cierto disenso en la comunidad científica acerca de cuánta ingerencia tiene la actividad humana en los cambios que se registran.

El problema, su origen y situación actual

La principal variable para entender y medir el fenómeno del calentamiento global es la cantidad de anhídrido carbónico (también llamado dióxido de carbono o CO2) acumulado en la atmósfera, medidos en una unidad conocida como partes por millón (ppm).
El Doctor Mario Núñez, director del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) de la Universidad de Buenos Aires, señala cómo la curva que mide los niveles de CO2 en la atmósfera (Gráfico I) muestra un punto de quiebre, hace poco más de 100 años, coincidiendo con la Revolución Industrial (1870). "Aquí comienza entonces la verdadera contaminación de la atmósfera por la quema de combustibles fósiles. Entonces, en lugar de continuar con la tendencia que traía, es decir, ir disminuyendo hacia el futuro, comienza a aumentar", explica Núñez. Como puede apreciarse en el Gráfico I, el nivel de CO2 en la atmósfera actualmente ya supera las 400 partes por millón, por encima el nivel dentro del cual estuvo acotado durante miles de años (entre 200 y 400 ppm).
Por otro lado, estudios científicos que abarcan períodos de 30 años han comprobado que las variaciones de los niveles de concentración de CO2 en la atmósfera se corresponden con los cambios registrados en los niveles de temperatura. "La curva ha sido bastante paralela con la del anhídrido carbónico. En conclusión, el aumento de anhídrido carbónico influye en la temperatura. A mayor concentración de gases invernadero, es de esperar que tengamos mayor valor de temperaturas", asegura Núñez.
En este sentido, el mayor interrogante que se plantea hacia el futuro es saber qué tendencia seguirá y qué nivel alcanzará la curva que mide la acumulación de CO2 en la atmósfera. "Debemos preocuparnos por los próximos 100 años, hasta fin de siglo", dice Núñez, ya que si se ubica por encima de las 1.000 partes por millón o alrededor de 700 u 800, como muestra el Gráfico I, existe un gran salto entre esos dos valores.
La dificultad para establecer un pronóstico más preciso, explica el investigador, radica en lo siguiente: "supongamos que a partir de mañana, por alguna misteriosa razón, no se emiten más gases de efecto invernadero -uno de los cuales es el CO2- y se prescinde del petróleo. En ese caso, los gases que ya están en la atmósfera permanecerán por un período de 100 años, por lo que se conoce como 'período de residencia'". Lo que puede ocurrir en el próximo siglo -siguiendo con la suposición-, es que la situación no se agrave, pero el efecto se va a mantener hasta que, de alguna manera, esos gases sean totalmente absorbidos en la naturaleza.

Los escenarios futuros

El trabajo de los científicos de esta área consiste en predecir, mediante la combinación de datos, posibles escenarios futuros que puedan registrarse de acuerdo a las emanaciones de CO2. Cabe aclarar que estos no son escenarios climáticos, sino escenarios sociales que incluyen diferentes configuraciones socioeconómicas. Para ello, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ha definido una familia de cuatro tipos de escenarios: los escenarios A, que contemplan un fuerte desarrollo e impacto económico, y los escenarios B, pensados como más conservadores y con un mayor énfasis en el aspecto ambiental. A su vez, esos dos grupos se subdividen en dos tipos: escenarios 1 y 2, según correspondan a un nivel global o regional, respectivamente. Así se llega a cuatro escenarios diferentes -A1, A2, B1 y B2- según su escala y su enfoque.
En Argentina, los científicos del CIMA y el Doctor Núñez han centrado su atención en los escenarios regionales de emisiones futuras A2 y B2 (nuevamente, el primero con mayor énfasis en lo económico y el segundo, en lo ambiental) De esta manera, los pronósticos para las emisiones de CO2 a la atmósfera en estos dos escenarios muestran una drástica diferencia hacia fines de siglo.
La configuración final de uno u otro escenario depende, entre más factores, de la población mundial. "El aumento de la población mundial va a influenciar las condiciones ambientales, por un problema de la población misma; también los cambios en la economía: un mundo con una economía muy desarrollada va a influenciar enormemente; las nuevas tecnologías: estamos hablando de derivados del petróleo, pero no sabemos cuáles van a ser las tecnologías del futuro. Eso de alguna manera va a marcar qué tipo de escenario y mundo vamos a tener, al igual que los tipos y usos de la tecnología", explica Núñez. 

Clima, temperaturas y precipitaciones

El clima global está determinado por varios factores: la cantidad de radiación que llega del sol, la rotación de la tierra y la configuración de continentes y océanos. La radiación que llega del sol atraviesa la atmósfera, llega al suelo y a los mares, y atraviesa una serie de procesos energéticos. Parte de esa radiación es absorbida por la atmósfera, parte es reflejada y otro porcentaje es devuelto al exterior.
A pesar de su mala reputación, los gases de efecto invernadero tienen un rol crucial en este circuito, ya que son ellos quienes retienen la energía recibida del sol y permiten que el planeta conserve una temperatura apta para la vida humana. De esta manera, el problema no son estos gases en sí, sino las cantidades que se acumulan en la atmósfera: a mayor cantidad de gases, menor radiación solar será devuelta al exterior y mayores serán las temperaturas promedio en el planeta debido a una mayor retención de calor. "Los gases de efecto invernadero son naturalmente retenidos por la atmósfera. Por eso es que tenemos la temperatura que tenemos. Si no fuera así, todo lo que llega de radiación solar durante el día se perdería durante la noche", explica Núñez.
Los aumentos de temperatura traen consigo cambios en otros fenómenos meteorológicos: cambios en las precipitaciones. El Gráfico III muestra las variaciones en las precipitaciones mundiales entre 1900 y 2000. Los círculos verdes indican una tendencia positiva (aumento de las precipitaciones), mientras que los círculos ocre indican una baja en la cantidad de lluvias, proporcionalmente al diámetro de cada círculo.
En lo que respecta a Argentina, la tendencia no parece mala para un país con una gran actividad agrícola, ya que ha habido regiones en las que las precipitaciones han aumentado durante el último siglo. "Pero acá hay un factor preocupante y es Chile y toda la cordillera de los Andes, que tiene valores muy grandes de pérdida de precipitaciones. Se puede ver que en el norte están perdiendo más de la mitad de lluvia", describe el experto.

En una mirada más acotada a la región, Núñez y científicos del CIMA han desarrollado un escenario A2 para Argentina y Chile, contemplando tanto los cambios de temperatura como las variaciones en las precipitaciones. "Esto nos indica que a lo largo del año no va a haber enfriamiento en las temperaturas medias estacionales", comenta Núñez. Y agrega: "Lo más notable acá es que en invierno y en primavera los cambios son más violentos. Si miramos a todo el país, en el extremo sur las temperaturas pueden estar aumentando entre dos y tres grados con respecto a los valores actuales", lo cual no representa un valor menor para zonas australes como la Patagonia. Por otro lado, puede apreciarse cómo los menores cambios de temperatura van a ser en verano y en otoño. "Entonces, lo que vamos a tener, es una menor diferencia de temperatura a lo largo del año. Vamos a tener un clima más tropical", concluye.
Siguiendo con el análisis de un escenario A2 para la región (Gráfico IV), el científico explica que "del lado chileno, que es lo que está mostrando pérdidas, a lo largo del año va a continuar la tendencia negativa, va a seguir diminuyendo la lluvia. Y en realidad si uno mira, en toda la pampa húmeda siguen aumentando las precipitaciones. Pero el mayor cambio se da en verano y la mayor pérdida se da en invierno. Entonces ahí hay una porción de la Patagonia donde va a haber una pérdida de lluvia y en toda la cordillera de los Andes. Si el escenario fuera B2 entonces toda esa zona de pérdida de lluvias se reduciría".

Los efectos sobre los glaciares

¿Cómo repercuten estos cambios climáticos en los glaciares? Los científicos Hernán Sala y Eugenio Yermolín, del Instituto Antártico Argentino (IAA), ofrecen una respuesta. A pesar de la falta de infraestructura nacional para estudiar los glaciares in situ, Yermolín comenta que "según los estudios realizados en la zona, todos ellos sufrieron retrocesos en cuanto a su balance de masa, de acuerdo a datos de imágenes satelitales disponibles a partir de 1987". "Exceptuando el Perito Moreno y el Pío XI (en Chile), que más o menos se han conservado, el resto reportan retrocesos", agrega Sala. A fines de la década del 80, la superficie total de los campos de hielo del sur -Argentina y Chile- alcanzó cerca de 13.000 kilómetros cuadrados, mientras que actualmente esa superficie se redujo a cerca de 12.500 kilómetros cuadrados.
Respecto de las causas que hacen que un glaciar aumente o reduzca su tamaño, los expertos citaron la influencia de dos factores: precipitaciones sólidas (nevadas) y temperatura. Yermolín explicó que, de acuerdo a datos directos, las temperaturas promedio se han mantenido relativamente estables en El Calafate. En ese caso, lo que estaría afectando el retroceso de los gigantes de hielo sería otra causa: los cambios en las precipitaciones. "Si hay dos causas posibles y una de ellas es estable, como la temperatura, hay que buscar por qué pasa esto: en este caso, por las precipitaciones", concluye el especialista.

N. de R.: El Gráfico IV es parte de la investigación "Climate change experiments over southern South America. II: Southern South America climate in the late twenty-first century: an-nual and seasonal mean climate. To be submitted to Climate Dynamics", de Nuñez, M. N., S. Solman and M. F. Cabré (2007). Agradecemos la colaboración del Dr. Mario Núñez para la realización este informe.

Publicado Mar 11 de Diciembre 2007 - 17:26 | Volver

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Variación del CO2 en la atmósfera desde cien millones de años atrás hasta hoy. Gráfico: Fuente CIMA. Los científicos Hernán Sala y Eugenio Yermolín, del Instituto Antártico Argentino (IAA), ofrecen una respuesta de como repercuten los cambios climáticos en los glaciares. Escenario de emisiones para CO2. Gráfico: Fuente CIMA.
Tendencias anuales en precipitaciones entre 1900 y 2000. Gráfico: Fuente IPCC. Diferencias en precipitaciones con respecto a la década 1981 – 1990 según estaciones del año. Gráfico: Fuente CIMA.  

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