Diego Lucca y Julio Zoccatelli desembarcaron del rompehielos Irizar a comienzos del verano en la isla Laurie. Están viviendo su año antártico abocados a trabajos de apoyo científico como la observación y censo de fauna, estudios sismológicos, además de otras funciones como recibir y guiar los turistas que llegan a la base cuando el mar no se encuentra congelado.
Base Orcadas, Antártida Argentina (PP). La base Orcadas queda lejos de todo. Es un sitio inaccesible por vía aérea o terrestre. Y desde el otoño, el mar está totalmente congelado. La base argentina está en la Isla Laurie, alejada tanto de la Argentina americana por el Pasaje de Drake, famoso por sus temporales, como de la península Antártica por el mar de Weddell. Ese es el actual hogar de 16 argentinos que allí permanecen por un año, llevando adelante tareas científicas y de apoyo a la vida antártica. Allí nuestro país acumula 103 años de presencia ininterrumpida. En este escenario, dos guardaparques patagónicos, desarrollan sus tareas colaborando con la comunidad científica internacional, en su condición de técnicos universitarios en Conservación de Áreas Protegidas.
“Es un verdadero orgullo ser guardaparque y estar aquí, haciendo patria, colaborando con la comunidad científica y entregando a pleno un año a la Nación”, sostuvo el guardaparque Diego Lucca durante una de las entrevistas realizadas por la noche a través de Internet. Y agregó: “Somos 16 hombres en total y cada uno tiene su función. Dos son meteorólogos, dos son maquinistas que se ocupan de generadores y motores, dos son cocineros, hay un geomagnetista, un mecánico-chofer, un médico, un hombre encargado del control de averías, un radioperador, un camarero, un encargado ambiental que tiene la responsabilidad de clasificar los residuos y procesarlos, el jefe de la base, y nosotros, los dos guardaparques”.
El guardaparque Julio Zoccatelli acotó: “desde hace 17 años que los guardaparques venimos a Orcadas, trabajando para la Dirección Nacional del Antártico a través de un convenio de cooperación. Tenemos el orgullo y la satisfacción de estar brindando nuestros servicios en este extremo tan particular del mundo, procurando colaborar con perpetuar la diversidad biológica en esta zona del planeta. Llevamos adelante trabajos con la fauna del lugar de acuerdo con distintos proyectos de investigación, recopilamos datos sismográficos y de deriva continental, y recibimos a los turistas y los guiamos cuando los barcos pueden llegar hasta aquí. En cuanto a la deriva de la isla dentro del planeta, los datos los obtenemos de un posicionador satelital que está instalado en lo alto de uno de los cerros cercanos a la base, y así se comprueba que la isla Laurie se está moviendo un centímetro hacia el noreste cada año. El área está muy próxima a la falla de la placa Scottia, de modo que es una zona sísmica. La mayoría de los sismos resultan imperceptibles, pero hubo uno que sacudió fuerte toda la base”.
Caminando sobre el mar
“En esta época invernal, nuestras tareas no son muchas y se ajustan al clima. Tuvimos varios días con 25 o 30 grados bajo cero, y algunos de ellos con fuertes temporales de viento con intensidades de 150 a 180 kilómetros por hora que hacen cimbrar las instalaciones”, indicó Diego Lucca. “Cuando el tiempo es favorable salimos de recorrida con los esquíes, como buenos guardaparques que somos. Aprovechamos en esta época para comprobar la llegada de las focas de Weddell que vienen a parir sobre el pack de hielo. El desplazamiento sobre el mar helado no se puede describir, hay que vivirlo. El roce del hielo contra los témpanos que quedan atrapados simula un quejido. Si a esto le sumamos los deslumbrantes fenómenos meteorológicos que se manifiestan en estas latitudes, te aseguro que la experiencia es única. Lo que ven mis ojos nadie me lo podrá borrar de la cabeza, y es historia que podré contarle a quien la quiera escuchar, a mis hijos, a mis nietos“, confiesa Diego Lucca.
Rutinas cotidianas del invierno
“Nos levantamos a las nueve de la mañana, y yo desayuno mateando. Otros prefieren café. Lo primero que hacemos es bajar los datos de deriva y los enviamos de inmediato a Buenos Aires. La información sismológica la enviamos a Italia,”, narra Julio Zoccatelli a través de Internet. “A las 12, nos reunimos junto al derretidor, y mientras doce de nosotros juntamos nieve en cajones de plástico, los otros cuatro se ocupan de arrojarla en una batea por la que circula aceite caliente, y de esta forma obtenemos el agua que nos sirve para beber, lavar, bañarnos, hervir alimentos. La operación dura una hora. A las 13 almorzamos. Si el clima lo permite después de comer los guardaparques salimos de recorrida sobre el hielo pero debemos regresar antes de las cuatro y media de la tarde que ya oscurece. A las ocho de la noche es la cena. Después hacemos un poco de actividad física en el gimnasio, leemos, jugamos al ping pong, al metegol, a las cartas, vemos televisión, intercambiamos experiencias con los compañeros, y nos comunicamos con nuestros seres queridos a través de Internet. También estamos estudiando y mejorando nuestro inglés, junto al médico que nos hace de profesor, para poder guiar mejor a los turistas que lleguen de nuevo cuando el mar se descongele. En el verano pasado recibimos once barcos con turistas de todos los países, pero principalmente de Alemania, Japón, Inglaterra, Estados Unidos de Norteamérica, Italia, Rusia, Francia y España”.
Cuando el mar vuelve a ser líquido
“El mar congelado se extiende desde las costas de la isla Laurie hasta unos diez kilómetros alrededor de ella desde abril hasta octubre, y el pack llega a tener unos 14 metros de espesor,” indica en la entrevista por chat Diego Lucca.
“A fines de octubre, antes de que el mar se descongele, empiezan a llegar los primeros pingüinos. Primero llegan los Adelia y después los de Barbijo. Son las dos especies que procrean aquí”, agrega Julio Zoccatelli. “Por esa época empiezan los cortejos y las parejas construyen sus nidos con pajitas, plumas huesitos y piedras, para empollar los huevos.
El guardaparque Lucca agrega: “algunos caminan varios kilómetros sobre el mar congelado para ir a nidificar exactamente al mismo sitio en que lo hicieron el año anterior. También será la época del regreso de los lobos y elefantes marinos además de focas leopardo. Son los ciclos recurrentes de la vida, como cuando vuelven a salir las hojas de nuestras lengas o ñires de la Patagonia con la primavera”.
“En enero o febrero, cuando los pichones de pingüinos ya están grandes, siguen a sus padres en el mar. De los dos pichones que nacen por nido, prácticamente sólo uno sobrevive. Nosotros censamos 400 nidos además de todo el censo total de toda la colonia de miles de pingüinos”, añade Zoccatelli.
Diego Lucca espera la primavera antártica porque “será la época del regreso de los lobos y elefantes marinos además de focas leopardo. Son los ciclos recurrentes de la vida, como cuando vuelven a salir las hojas de nuestras lengas o ñires de la Patagonia con la primavera”
Julio Zoccatelli agrega que “desde octubre los trabajos se multiplican, y para concretar las tareas de investigación nos desplazamos en una lancha hasta los sitios de censo de avifauna. Durante los dos meses que dura el verano llegan dos biólogos con quienes llevamos adelante trabajos de investigación, y les brindamos todo el apoyo necesario. Entre otras tareas, colocamos anillos en las patas a los petreles gigantes juveniles, que todavía no vuelan. Son aves marinas que miden casi dos metros entre las puntas de sus alas. En abril colocamos 147 anillos. Con estos registros, cuando uno se encuentra con los petreles anillados ya adultos, puede saber su edad, dónde han nacido y su área de dispersión. Hasta se han encontrado en Australia petreles gigantes que hemos anillado nosotros. También se realizan estudios de otros dos tipos de petreles y de cormoranes de ojos azules. Además, llevamos adelante estudios de mamíferos: alrededor de la base contabilizamos en época pico de descanso de lobos marinos 7.550 ejemplares y un total de 20.000 en un sector de 4 kilómetros en el que desarrollamos las recorridas. Otra de las actividades, cuando el mar lo permite es llegar hasta un pequeño refugio construido alrededor del cual anidan miles de pingüinos”.
Picando leña en Antártida
El refugio de Punta Geddes fue abandonado hace 17 años por los ingleses y hasta él se llega desde la base Orcadas en una hora de navegación cuando el clima es favorable. “La construcción tiene 5 metros por 10 metros y sirve para que podamos permanecer en él cuando las condiciones no nos permiten volver en la misma jornada”, precisa el guardaparque Zoccatelli. “Ya en dos ocasiones de las seis que fuimos tuvimos que quedarnos. Este refugio tiene una cocina a leña, de modo que en la lancha llevamos troncos de quebracho que desembarcamos del rompehielos cuando llegamos.
Este refugio nos recuerda a nuestras seccionales de los Parques Patagónicos cuando encontramos el calor de la cocina económica en medio de la soledad y la intemperie”.
“A los patagónicos que les contemos que aquí en Antártida estamos picando leña para la cocina económica, les va a costar creernos”, acota Diego Lucca. Y agrega: “cada vez que vamos al refugio Geddes llevamos provisiones y dejamos un stock de reserva. Nos comunicamos con la base cada tres horas dando cuenta de los avances en los trabajos y del estado del clima. Durante este invierno tenemos la intención de venir con otros compañeros de la base, esquiando sobre el mar congelado. Son unas tres horas de marcha de ida, y habría que esperar que el clima lo permita”.
La noticia del incendio del Irizar y el momento del regreso
“Te aseguro que viviendo en Antártida las cosas se ven distintas. Cuando escuchamos la noticia del incendio del rompehielos, no nos alarmamos por nosotros. Empezamos a pensar qué buque estaría disponible. Pero lo que si nos tocó fuerte fue cuando nos quedamos sin teléfono, y una semana después, del 26 al 30 de julio, sin Internet. Ahí te das cuenta el verdadero valor de la comunicación”, confiesa el guardaparque Lucca”. Y acota “que bueno sería que a nuestro regreso, sintamos algo de reconocimiento por este esfuerzo cotidiano que estamos entregando generosamente. Cosas sencillas, por ejemplo, que los guardaparques destinados un año en Orcadas puedan elegir su destino dentro de los Parques Nacionales Argentinos. Por lo pronto, tanto Julio Zoccatelli como yo, agradecemos que Portal Patagónico se haya acordado de nosotros y puedan publicar estas cosas que tan poco se difunden. Para nosotros es muy importante que se conozca lo que hacemos, porque estamos orgullosos de poder hacerlo”, concluyó Diego Lucca.
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