Sur Alga es una pequeña empresa familiar fundada hace más de veinte años. Ana Manzanares, su titular, explica cómo nació el emprendimiento, por qué las algas de Santa Cruz son las mejores del mundo y cuáles son los obstáculos y las vicisitudes con las que una empresa familiar de este tipo debe lidiar día a día.
Buenos Aires (PP). Hace más de veinte años, Ana Manzanares vivía en Caleta Olivia y un día, mientras caminaba por la playa, se cruzó con una persona que la saludó. Aquel desconocido resultó ser un ingeniero japonés que era enviado una vez al año por el país asiático para estudiar las algas y mareas santacruceñas, ya que estaban interesados en la calidad de las algas argentinas.
Sin embargo, no fue allí cuando Ana se dio cuenta del potencial y de las propiedades de estos vegetales, puesto que ella ya las usaba domésticamente para aderezar comidas o tratarse la piel. Un tiempo después, cuando la familia decidió mudarse a Buenos Aires, las algas vinieron con ella. Una vez constatado el éxito de ese producto en su círculo íntimo de amigos, allí nació Sur Alga.
De ahí en más, los esfuerzos de Ana se centraron en recolectar bibliografía e informarse acerca de las propiedades y posibilidades de aplicación de las algas. Así fue como se contactó con el Dr. Juan Acorinti, un académico especialista en la materia, y otros tantos expertos del campo de la estética y la dermatología. “Las algas tienen un alto contenido de yodo por eso son reductoras de una forma natural. Son como bosques en el fondo del mar. Son una riqueza única”, explica Manzanares. Las algas de la provincia de Santa Cruz se jactan de ser las mejores del mundo. “Son las mejores del mundo porque, al tener un clima frío, al ser el agua muy fría, las bacterias no se reproducen como en otros lados. Además, al estar despoblado, no hay polución”, dice Ana. En cambio, en el continente Europeo, que tiene al menos 4 mil años de civilización y sus mares se encuentran mucho más contaminados, muchas veces pueden verse “pequeñas burbujas de aire en la superficie, que no son otra cosa que algas muriendo, ya que aquellas aguas contienen hasta sustancias tales como arsénico debido a la fuerte polución”, explica. Allí radica la gran ventaja de las algas argentinas sobre las que pueden encontrarse en otras regiones del mundo.
Los beneficios de las algas
Las algas son los vegetales del mar, y como tales, absorben todas sus propiedades, nutrientes, elementos y vitaminas (ver infografía). Eso hace que todos los beneficios del mar sean accesibles a través de ellas. Todas estas propiedades son las que Sur Alga, la pequeña empresa encabezada por Ana Manzanares, ha logrado transformar en productos de uso y consumo cotidiano agrupados en tres grandes categorías: productos medicinales, estéticos y comestibles.
“La maravilla de las algas es que, como están recubiertas de sal marina, ni siquiera necesitan conservantes. Es una bendición de la naturaleza”, comenta Ana. De hecho, un alga seca puede conservarse hasta 20 años en perfecto estado gracias a esta condición.
Algunos de los productos finales fabricados por Sur Alga son: algas en hojas (secas), jabón de algas, gel para la piel o después de afeitarse, cremas –reductoras, dado su alto contenido de yodo-, bolsas para baños de inmersión, algas en polvo para uso estético, extractos de algas para hidratar la piel y combatir enfermedades tales como el acné o la calvicie –ya que las algas contienen un bactericida natural-; y en el rubro comestible, las tradicionales láminas utilizadas para la preparación de sushi y otras delicias orientales.
Por otra parte, en cuanto al uso medicinal de las algas, la empresa ha desarrollado pequeñas cápsulas totalmente naturales, con algas molidas en su interior. “Lo que hacen las cápsulas es aumentar de volumen en el estómago –una vez que las algas están hidratadas-, generando una sensación de saciedad y, a través de los mucílagos que se desprenden, se impermeabilizan las paredes del estómago y entonces no se absorben tanto las grasas, al tiempo que contribuyen con importantes nutrientes para el organismo”, explica Ana. Además, la fibra que proporcionan las algas ayuda al proceso digestivo, lo cual representa una novedosa y natural solución para problemas tan comunes como el estreñimiento.
Como ya se ha mencionado, a través de las algas se puede acceder a todas las propiedades y beneficios que ofrece el mar. “El poder equilibrante del mar te energiza, y por ahí si uno está un poco acelerado te calma y te tranquiliza”, explica Manzanares. “Las algas actúan por ósmosis con las células humanas y eliminan toxinas, diluyen grasas, mejoran la piel, hidratan y nutren”, agrega.
Las vicisitudes de una empresa familiar
La inversión inicial para poner en práctica el proyecto Sur Alga no fue demasiado holgada. “Lo que tenía lo puse en publicidad. Por aquel entonces no había Internet, así que también me hice traer bibliografía sobre todo desde España y Francia para informarme”, dice Ana Manzanares. “Después sí, fui haciendo los análisis en el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) para cada producto, por cuenta mía, pero no fue una gran inversión”, agrega. Según la microempresaria, lo que se pretendía era darle un respaldo serio al proyecto en cuanto a qué eran las algas, para qué servía cada especie, cómo se preparaba y en qué casos utilizarla.
Sur Alga obtiene su materia prima en las costas santacruceñas, en lugares estratégicamente elegidos, donde la marea llega a bajar alrededor de 300 metros. La infraestructura empresarial es mínima, ya que sólo cuentan con recolectores en Puerto Santa Cruz, a quienes las autoridades han apoyado con una balanza y una enfardadora.
Fuera de eso, Ana se lamenta no haber recibido aún el apoyo que espera hace años. “Apoyo, nada. Eso es patético. Nos da mucha pena porque sobre todo la gente de Puerto Santa Cruz, que no tienen actividad comercial ni como salir adelante, están juntando algas y con entusiasmo las mandan, y nosotros ya no tenemos donde ponerlas porque no tenemos una simple máquina elemental para molerlas. Lo sentimos como un desamparo que no lo podemos creer”, reclama Manzanares.
Por otra parte, la empresaria de 70 años –aunque su piel, gracias al trabajo de las algas, no los aparente- lamentó que su propio hijo haya tenido que abandonar el país cinco años atrás, “cuando hay una empresa que podría dar para vivir bien y sobre todo para el desarrollo de una zona que no tiene ninguna otra actividad como Puerto Santa Cruz y varios lugares más de la costa de la provincia”.
Sumado a ello, Manzanares denuncia una absoluta falta de regulación en la materia ya que, si bien existen leyes que prohíben arrancar las algas del fondo del mar –sólo pueden utilizarse aquellas que naturalmente hayan sido desprendidas y arrastradas hasta la costa-, ya hay una depredación significativa y no hay control sobre ello. En este sentido, la emprendedora destacó el cuidado que países Europeos ejercen sobre estos vegetales marinos. Según comentó, algunas naciones del viejo continente, de hecho protegen sus algas con tubos de acrílico que operan de manera similar a lo que cotidianamente conocemos como un “tutor” –en plantas o árboles de jardín-, protegiendo a la planta marina de la depredación y permitiéndole alcanzar un mayor tamaño.
A pesar de las dificultades, Sur Alga también ha logrado prestigio y reconocimiento ya que, gracias al esfuerzo de la familia, la empresa ha participado en congresos tanto en Buenos Aires como en otras provincias, y ha conseguido formar una pequeña cartera de importantes clientes, entre los cuales se incluyen centros de estética y spas del más alto nivel en todo el país. “Sin embargo, no es un volumen importante (de comercio), o al menos no es el volumen que podríamos tener”, agrega Ana.
Finalmente, y ante la posibilidad de exportar sus productos, la titular de la empresa aseguró que ello no sería simple, debido a otros factores además de la falta de apoyo que denuncia. “Hay un precio internacional para las algas, así como lo hay para el trigo y la soja, que está manejado por los japoneses. En ese sentido exportarlas casi no conviene, porque se paga un precio muy alto. Lo interesante sería enviarlas como un producto elaborado con un gran valor agregado”.
De todas formas, la emprendedora destacó el costado nacional y provincial de Sur Alga y recalcó que “nosotros siempre estamos con la bandera de la Patagonia y de Santa Cruz, con el lugar del planeta con menos polución y las mejores algas del mundo”.
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