El 17 de julio se cumplió un nuevo aniversario del Club Social y Deportivo Lago Argentino, fundado en 1949 por la iniciativa de pobladores de la Sociedad de Fomento Lago Argentino. Con casi seis décadas sobre sus hombros, recuerda el pasado para generar un futuro próspero que revalorice la amistad, junto a la dedicación, el esfuerzo y el sacrificio compartido.
El Calafate (PP). La amistad es la que genera lazos fuertes y firmes, esos mismos que se profundizan cuando se comparte el sufrimiento, se comprometen con un fuerte abrazo o se desborda de alegría al anotar un gol. Es el sentido de grupo, de equipo en definitiva, el que trabaja con el objetivo claro de la obtención del triunfo. El espíritu de la victoria se palpa con el trabajo diario en pos del beneficio grupal, siendo muy pequeño el resultado de un partido o el torneo conseguido.
Los logros deportivos son bienvenidos pero el verdadero campeonato es otro, es el que no entrega una copa sino amigos, de esos que acompañarán siempre y que estarán ante cada vicisitud de la vida. La receta es simple pero infalible, no se sale inmune tras sentir la unidad que genera un club, donde compartir el llanto o la alegría en un vestuario, el silencio y las miradas perdidas del dolor momentáneo, o bien, la solidaridad para salvar el error de un compañero, son situaciones que marcan a fuego y forman a la persona.
“Cuando se fundó el Club el pueblo contaba con casi 200 habitantes y la idea surge de un grupo de personas que tenían un objetivo común: conformar un espacio para desarrollar la actividad deportiva y social” comienza explicando Mauricio Cherbukov, Presidente de la institución, quien cuenta la historia que se transmitió por generaciones. “La primera reunión fue pautada para el 12 de julio en el hotel de la familia Pantín, que es el espacio físico donde hoy se encuentran las oficinas de Fernandez Campbell, y si bien no pudieron cumplir la meta ese día, se comprometieron a juntarse el 17 de julio a las 17 horas. Los memoriosos de la época y varios de los fundadores, dicen que de ésta segunda reunión y bajo una intensa lluvia, surge el primer estatuto y la idea de conformar una Comisión Directiva”.
No es sencillo señalar a los gestores pero todos destacan el esfuerzo de Francisco Rodríguez, que era un oficial de Policía procedente de Río Gallegos, quien por pertenecer a dicha fuerza no pudo presidir la institución. Por este motivo, Horacio Vila se transformó en el primer presidente electo del Club Social y Deportivo Lago Argentino “siendo la primera institución que eligió democráticamente a su comisión. Ese mismo año se tramitó el pedido de tierras, y con el transcurso de los años se abordó la construcción de la sede con la labor de los propios integrantes del club, que trabajaron a destajo para tener un lugar propio donde compartir momentos y realizar eventos” afirma Cherbukov.
Numerosas actividades y recuerdos que aparecen en el transcurso de estos años, llevan a los fundadores y los relatos que se transmitieron por años. Ellos mismos los recuerdan pero también comparten con Portal Patagónico, las historias, los nombres y las amistades que aún mantienen con las personas que jugaron hace sesenta años.
Protagonistas de los años 50
“El estatuto del CSDLA reza en uno de sus artículos, que su nacimiento es para fomentar y cultivar la actividad física-deportiva desde el ámbito social. También sostiene que las grandes cosas se logran con esfuerzo y con toda la comunidad unida, siendo importante que se defienda esa bandera” señaló Cherbukov. Esos valores y pensamientos salieron de muchas cabezas, entre ellos se encontraban Pedro Ojeda y Horacio Echeverría, que nos aportan datos curiosos y particularidades de aquella época.
Ojeda pisará los 80 años en apenas unos meses y recuerda que “el primer potrero estaba en el predio que hoy es el Hotel Los Álamos, siempre jugábamos ahí con los empleados de la meteorología, el radio operador, los de Aeroposta que después fue Aerolíneas, la mayor parte eran de otros lados que venían a trabajar. Ojo que no jugábamos por edad, éramos pocos y jugábamos todos juntos, chicos desde los 14 años hasta muchachos de 50”. Al hablar de los grandes jugadores en su época, recuerda a “los Gutiérrez, al negro José Alvarez y a Carlitos Gómez que es un gran amigo, él vivía en una estancia a 15km y venía a caballo para jugar.”
Por su parte, la historia de Horacio Echeverría señala a su hermano Jorge como el que “hizo unas zanjas en la década del 30, que después sirvieron como bases para empezar a levantar el Club. El crecimiento se dio porque los hijos de la familia Gutiérrez, Pantín y Vara fueron creciendo, esos muchachos lo llevaron para adelante”.
Claro que el fútbol ya estaba desde antes, se hacían partidos en las estancias y cada tanto salía algún desafío importante entre los
denominados Pincharratas y los Palos Gruesos. Echeverría era integrante de los primeros, porque “estaba en la chacra 9 de Julio de la colonia Francisco Pascasio Moreno, al cuadro lo formamos entre los trabajadores de estancias y veníamos a jugar algunos domingos contra Calafate. Con el tiempo ellos nos pusieron el mote de Pincharratas porque éramos pobres, entonces nosotros le pusimos Palos Gruesos, que era la forma de cargar a los potentados”. Para esos desafíos, la cancha se ubicaba donde está el Hotel Quijote y “casi siempre ganaban ellos porque nosotros veníamos a caballo para jugar, pero varias veces trajimos a unos peones que eran de Puerto Natales y anduvimos mejor. Pero ahí nomás el chino Peña, que estaba casado con la Julia Pantín, se trajo a unos amigos de Río Gallegos que jugaban en el Hispano o en Boxing y nos ganaron de vuelta” recuerda con gracia Echeverría, quien señala a “Fernando Cuesta como un gran jugador, era muy bueno y trabajaba en la última estancia que se llamaba La Jerónima, que ahora es Nibepo Aike”.
El club del pueblo
Con la designación de los primeros encargados de la Conserjería “se realizaban todas las fiestas populares que había en la comunidad, fiestas de aniversario del pueblo, fiestas mayas, casamientos, cumpleaños y los tradicionales bailes del club. También se organizaban la primeras cenas a la canasta, siendo las mujeres muy importantes” asegura Chervukob. Las actividades que comenzaron con bingos, campeonatos de truco y los té canasta que comenzaron junto a El Calafate, le permiten al presidente de la institución sostener que “el Club Lago Argentino nació y creció de la mano con nuestro pueblo. Si bien el fútbol es la actividad principal, también hubo deportes como boxeo, atletismo y el automovilismo que participó de competencias importantes como las 24hs de Río Gallegos o la Vuelta a la provincia. En ese sentido, contaba con una peña que fue secundada por Ignacio y José Iglesias, que fueron los patrocinadores”.
Ya en la actualidad y metidos de llenos en el fútbol, el Club posee cuatro categorías en divisiones inferiores, donde practican casi 100 chicos nacidos entre los años 93 y 2000, que no solo juegan al fútbol “sino que aprenden el sentido del sacrificio compartido, del compañerismo y de lo que es tirar todos para un mismo lado en un espacio común como lo es una cancha. Ahí es donde está uno de los valores fundamentales de las instituciones” remarca Cherbukov.
La página más gloriosa de la institución desde los resultados deportivos, señala una clasificación al Torneo Argentino B en la temporada 2003/2004. Dicho campeonato permitió que “Huracán de Comodoro Rivadavia nos visitara y que nosotros podamos jugar en la cancha donde la CAI hace de local en la Primera B Nacional” infla el pecho el presidente, quien también indica que en infraestructura “crecimos mucho gracias a la buena relación con la Cooperativa Telefónica de Calafate (Cotecal), porque pudimos terminar el Salón de usos múltiples, está casi lista una oficina en el primer piso de la sede, inauguramos el quincho en abril de 2006 y la cancha de paddle en julio de 2005”.
La historia está viva y continúa escribiéndose a cada instante, con títulos conseguidos, equipos que son recordados por memoriosos, algunos irán a ver un partido y otros jugarán al paddle. Pero una cosa es inevitable, todos dejarán su huella para que generaciones futuras continúen el camino que se inició aquel 17 de julio de 1949 y que viene cumpliendo su cometido: generar la amistad, desde el compromiso y solidaridad.
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